Entrevista a Carlos López Degregori
Carlos López Degregori ha trazado, a lo largo de los años, una obra poética importante, en la que se evidencia, desde sus primeros libros, una voz original. Acaba de aparecer Una mesa en la espesura del bosque (Peisa, 2010), su más reciente poemario con el que, como ya es costumbre, nos vuelve a deslumbrar.
Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Una de las características que celebro de tu poesía es aquella idea de gran obra orgánica, es decir, que cada libro forma parte de una sola obra. Y entre las constantes que uno encuentra está la presencia de una trinidad, representada de varias formas. En Una mesa en la espesura del bosque, como lo apuntó Eduardo Chirinos en la presentación, también encontremos a tres personajes.
En la presentación Eduardo (Chirinos) se refirió a esas tres personas. Incluso uno de los ejes de su presentación va en esa dirección. Yo sí siente que he jugado con el tres, con los tres rostros, las tres voces, tres personas en muchos lugares de mi poesía. La primera vez que apareció esa referencia al tres fue en Una casa en la sombra (1986). Y en todos, de una forma u otra han ido apareciendo. De una manera explícita, aparece en los libros que han aparecido en los últimos diez años. Por ejemplo, en Retratos de un caído resplandor, donde todo el libro está construido sobre la idea del tres. Hay tres partes, tres personajes, tres personas, incluso, en el poema final. Y creo que lo trabajé conscientemente en el poema que abre Flama y respiración, que se llama “Voces”. Y “Voces” implica a tres personas: alguien que en ese momento está durmiendo y viene otra persona a despertarlo, que va a ocupar su lugar. Y hay una tercera persona que es la que los está observando y quien está narrando ese hecho. Creo que esa idea de los tres seres está presenta con toda claridad y yo quise trabajarla explícitamente en varios de los poemas de Una mesa en la espesura del bosque.
Otra característica que encuentro en tu poesía es una búsqueda por develar lo oculto…
Claro. Mi poesía no es sólo eso, sin embargo, creo que uno de los aspectos que está presente en lo que he escrito durante tanto tiempo –y quizás por ello también haya una unión y una coherencia que hace que cada libro remita al otro– porque todos mis poemas tratan de entrar a un otro mundo que es también uno. Y tal vez este libro sea el que con más insistencia he trabajado eso. Y en ese sentido yo creo que recoge mucho de lo que he venido trabajando. Ese bosque es una especie de laberinto, es esa zona oculta, sombría, salvaje. Y el libro significa un poco entrar por los caminos de ese bosque, extraviarse, perderse en ese bosque hasta hallar una mesa en la que uno va a recapitular lo que ha significado todo ese camino. Y bueno, yo creo que lo importante no es sólo una aventura personal sino que ese extravío, esas presencias y ese bosque, de alguna manera u otra, con otros seres, con otras entidades está en todas las personas.
Otra constante son las referencias a cajas. Que están en este nuevo libro. Y uno recuerda su presencia en Aquí descansa nadie, libro que incluso en su presentación gráfica y física simula una caja mortuoria.
Sí, la cubierta del poemario es una caja en la que descansa el personaje o la voz que aparece en los poemas. Y en este hay explícitas menciones a cajas. Pero también siento que esa idea de recintos, de paredes, de encierros ha estado también presente en toda mi poesía. Por ejemplo, si tú te remites a los años ochenta, Una casa en la sombra te remite a una casa que está cerrada, clausurada, envuelta. Ahora, desde mi tercer libro (Una casa en la sombra) empiezo a referirme a libros y a poemas anteriores. Y después ya lo he hecho con conciencia y sistemáticamente de una u otra forma, a veces explícitamente y en otros casos de una forma velada, en todos los libros y en algunos de los poemas. Por ejemplo, acá en este libro, en la segunda sección hay un poema llamado “Escrito en un árbol” y que incluso tiene citas, referencias que están en cursivas y que se remiten a otro poema que tiene el mismo título y que está recogido en el libro Las conversiones, que es del año 1983.
¿En qué momento eres consciente de la organicidad de tu obra?
Yo creo que proyecto una obra, que en ese momento pensaba que iba a ser una especie de ciudad, cuando empezaba a escribir mi segundo libro, Las conversiones. Yo no lo recordaba, pero es curioso, en esos años (83), un amigo poeta, Edgar O’Hara realizó una serie de entrevistas a varios poetas entre los que estaba yo. En esa entrevista hablaba ya de un proyecto como de tratar de construir una ciudad, como de encontrar una ciudad extraviada, perdida. Y a eso quería dedicar mi poesía. Y en ese momento era quizás una simple intuición. Pero cuando aparece el libro siguiente, Una casa en la sombra, empiezo a retomar elementos de mis poemas. Y eso es lo que he tratado de hacer en todos los libros que he ido produciendo en todos estos años.
Cuando aparecen tus primeros libros estaba en auge la poesía coloquial, urbana. Y tu poesía ya desde ese momento marcaba su independencia, su insularidad. Tanto que no creo gratuito que el libro que reúne tu poesía entre 1975 y 1993 tenga el título de Lejos de todas partes.
Sí, es una de las lecturas que admite Lejos de todas partes. Ese Lejos de todas partes es explorar las partes lejanas que tiene uno mismo. Es también observar y recorrer ese otro lado que tiene la realidad, el entorno, la historia, las personas. Porque yo creo que ese elemento también está presente, simbólico y transfigurado con mucha más fuerza de la que parece. Y creo que también ese Lejos de todas partes tiene que ver con las atmósferas de los poemas: en mis poemas no hay referencias a lugares concretos. No son poemas que mencionen espacios reconocibles, incluso tampoco tiempos reconocibles. Están en un no lugar y en un no tiempo. Y creo también, si tú ves la propuesta poética dentro de las propuestas de mis contemporáneos, está también alejada de los intereses de los autores de mi generación, de mis contemporáneos. En ese momento, cuando empecé a escribir, la poesía que tenía mucha más importancia, mucha más audiencia, y que era reconocida y apreciada por los lectores era la poesía urbana, testimonial, situada, narrativa. Mi poesía se alejaba de esa propuesta. Por eso mi primer libro pasó desapercibido, y los que se refirieron a él decían que era una rareza. O te calificaban de insular. Ahora yo creo que conforme ha transcurrido el tiempo se ha empezado a reconocer la pluralidad y diversidad que siempre existe en la poesía. Y por ejemplo, en este momento, como ya estás enterado, estamos trabajando con unos colegas una antología consultada de la poesía peruana del 70 al 2000. Y estamos tratando de elaborar esa antología en función a lo que opina el sistema o la institución literaria. Y uno de los hallazgos de esa antología, que ya daremos los resultados, es casualmente el reconocimiento de esa pluralidad.

agosto 23rd, 2010 at 21:42
Paciente, tranquilo, y muy didáctico. Sabe llegar a su público. Lo recuerdo con mucho aprecio.