Entrevista a Rodrigo Núñez Carvallo

Escritor Rodrigo Núñez Carvallo (Foto: Internet)

Luego de la novela La comedia del desierto (2002) y el conjunto de relatos El sembrador de huarangos (2007), el escritor Rodrigo Núñez Carvallo nos soprende ahora con Sueños bárbaros (Peisa, 2010), una ambiciosa novela de casi 500 páginas en la que nos sumerge en la apasionante aventura cinematográfica de Rafael Delucchi, su protagonista. 

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Cómo surge Sueños Bárbaros? ¿Cuál fue el disparador?

Fui muy amigo de Rafael Delucchi en la última etapa de su vida. Por entonces me hallaba escribiendo mi primera novela, La comedia del desierto y luego de agotadoras jornadas de escritura me escapaba a su casa a conversar, fumarme un porro o tomarme un café y seguirla en cualquier sitio. En su casa se conocía a mucha gente, gente del teatro, la danza y los malabarismos; funanbulistas, cineastas y muchas chicas lindas. Siempre había movimiento, a cada rato le tocaban la puerta. Desde el loco Achote en busca de un cigarrito hasta  estudiantes que querían prestada la casa como locación de un corto. También acudían sus innumerables amigos que se acercaban simplemente a conversar a la luz de una taza de té. En algunas temporadas la actividad era febril. El gordo estaba lleno de proyectos propios y ajenos. Un día me lo encontré al enorme Rafael calato con una chica muy hermosa en medio de un camastro ubicado en su gran sala con vista al mar. Potentes luces iluminaban su deseo. En esos momentos estaba siendo filmado por unos muchachos de Comunicaciones de la de Lima. Rafael no cabía en su felicidad. Aquel día comprendí que su casa era el escenario de una novela futura que fusionaría cine y literatura.

La novela presenta varias historias y sin embargo logra atrapar la atención del lector. ¿Cómo te planteaste la estructura? Hubo una idea previa antes de comenzar a escribirla?

Poco tiempo después encontré un momento para echarme a escribir un primer avance de la novela de treinta o cuarenta páginas. Luego guardé un par de años el archivo. Cuando lo volví a leer ya corría el año 2003, y la comencé a pensar más detalladamente. Paseaba largas horas rumiando la trama. Leí muchas tragedias griegas, ubiqué los personajes funcionales, insistí en mi método jungiano de escritura basado en que el inconsciente procediera a resolver los conflictos dramáticos planteados. Paralelamente inicié una larga investigación cinematográfica sobre los metafilmes. Escuché el rumor de las vigilias y la novela sola se fue armando. Aposté porque los sueños y el inconsciente se encargaran del duro trajín de ir estructurándola. Día a día, noche a noche, fui atando cabos y urdiendo historias parciales. Cuando me di cuenta de que tenía que comenzar a cerrar las muchas historias temí que la novela se desbarrancara. Curiosamente por esa época lei un libro que me brindó luces: Los héroes de Salamina de Miguel Cercas. Me encantó el modo hiperbólico en que platea su final. El azar convoca muchas de las soluciones de la creación. Un día soñé con mi amigo Claudio Baschuk.. Cómo no te he metido antes, hermano. Necesitaba un personaje que uniera el mundo de las dos metaficciones superpuestas y Claudio venía en mi ayuda desde el más allá. Su personaje era perfecto para vincular el mundo de rafael y el de Orestes, el de la película que hacían y el de la vida. En síntesis, creo en la capacidad organizadora del inconsciente, del lincoln como dice el Pipo de Sueños Bárbaros. Yo tenía grabado en la cabeza con cincel el clima que quería para la novela, pero el lincoln tuvo que encontrar las herramientas y los instrumentos para suscitarlo

Sueños bárbaros no es solo una novela extensa sino compleja en su concepción. ¿Cuánto tiempo demandó el proceso de escritura?

Mucho, diez para ser más preciso. La empecé en 1999. Repito que durante dos o tres años me la pasé pensándola, y apuntando en papelitos las ideas que se me ocurrían mientras caminaba. Pasé infinitas noches viéndome casi toda la historia del cine y en especial metafilmes. Me los vi todos, creo. El personaje de Bullita me sirvió entonces para iniciar una indagación estética sobre el cine visto desde el cine. Como Pipo en la novela llegué a tener cientos de archivos y apuntes sobre cada película. Llegó el año 2007, tenía ya la novela lista en la cabeza, es un decir. Había que iniciar el incierto proceso de la redacción final. Hice un poco de capital y me encerré a escribirla entre diez y doce horas diarias. Los capítulos se iban sucediendo vertiginosamente. En algún momento me atoré. Me dediqué entonces a escribir un cuento sobre Rafael y los otorongos. De allí salió la historia subsidiaria del asesinato de Numa por Shamán. La primera versión completa vio la luz el primero de julio del año 2008. Me gustan los plazos inexorables. A partir de allí inicié la tarea de corrección. Encontré huecos y vacíos, purgué información técnica innecesaria. La novela creció como cien páginas, porque quedaban cabos sueltos que mi mirada inicial no detectaban. Finalmente en el 2009 vino en mi auxilio Pierre Emile Vandoorne, con quien iniciamos la edición frase por frase, párrafo por párrafo. A él le debo también el título. Estaba oleada y sacramentada pero no tenía nombre. Mejor dicho tenía uno provisional: Metafilm, que habia sido muy funcional mientras la escribía, pero que ya no nos convencía. Cerraba las puertas de la comprensión a muchos lectores posibles.

Rafael y Pipo emprenden una aventura épica, filmar una película, una metapelícula. Eso me hace pensar en un homenaje al cine.

Por supuesto. Siempre pensé Sueños bárbaros como un homenaje al cine, como un manual de cinematografía, como una fusión entre cine y literatura. Tal obsesión es quizá fruto de mi pasión por el sétimo arte desde que vi el mago de Oz a los cuatro años. en el Paramount. Mi madre me inculcó el amor al cine. Era de una generación que vio aparecer los primeros atisbos de la modernidad de la mano del cinema. Mi madre además compuso muchas melodías para piano que se escuchaban en las salas cines durante las proyecciones de películas, porque era mudo por entonces. Luego vino mi hermano Hernando que me llevó a ver El Pibe y Candilejas, ambas de Chaplin. Ya adolescente me conseguí un pase municipal para entrar al cine sin pagar. Mi vieja era inspectora de cultura de Barranco. Fui también bastante cineclubista, y por lo menos iba una vez a la semana al ministerio de trabajo donde Juan Bullita organizaba unos ciclos bravazos. Allí hice casi toda mi cultura cinematográfica clásica. Desde Lumiere hasta Ingmar Bergman. El resto se hizo en la casa del gordo Delucchi. En su viejo televisor veíamos cuanta película en betamax pasaba por sus manos. Después nos íbamos a comentarlas a Juanito. El gordo además era muy buen critico. Sabia mucho de guión pero los tiempos eran malos para las aventuras cinematográficas..No lo había pensado pero como dice Jeremías Gamboa en un reciente artículo de Somos, Delucchi es una suerte de antihéroe del cine peruano. Creo que Rafael jamás imaginó ese extemporáneo homenaje a casi diez años de su muerte. Bien por él.  

Los personajes buscan filmar una meta-película dentro de la novela que es de alguna manera también una meta novela. Hay muchas referencias literarias

Por supuesto que es una meta-novela. Lo es porque se recuerda como una película. La superposición de dos lenguajes, borra las fronteras entre cine y literatura. Ello constituye la parte más experimental de Sueños Bárbaros.

Hace poco falleció Armando Robles Godoy. ¿Llegó a leer la novela? ¿Qué recuerdas más de este gran cineasta peruano?

Las casualidades juegan también un papel acá. Cuando Germán Coronado comenzó a pensar en la presentación de Sueños Bárbaros le sugerí el nombre de Marcela Robles para comentarla, pues podía dar una visión integradora de la novela, ya que ella es poeta, narradora y sabe de cine como las arañas. Marcela se mostró al principio un tanto reticente porque estaba atareada y 500 páginas eran 500 páginas. Pero cuando le adelanté que en Sueños bárbaros valoraba mucho la figura de su padre, no dudó un minuto más. Luego me comentó que se enganchó de inmediato y que le había encantado. Lo más probable es que la comentara con su padre. A la semana Robles sufrió el accidente que lo llevó a la tumba. No tuvo tiempo de leerla. El revolcón entre Helena Rojo y Miguel Ángel Flores en una duna siempre quedará en mi imaginario sexual. Pero La Muralla Verde me parece más sólida y la mejor película peruana de todos los tiempos.  Ojalá la pasen más por televisión y la reestrenen hasta el infinito.


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