Entrevista a Santiago Roncagliolo
Santiago Roncagliolo se encuentra en Lima para presentar, este miércoles 27, en la Feria del Libro Ricardo Palma, su más reciente novela Tan cerca de la vida (Alfaguara, 2010).
Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
¿En qué momento de tu periplo por Tokio decides escribir esta novela?
El viaje era bastante solitario. Era como la versión extrema de algo que me había pasado muchas veces: la soledad en los hoteles. En Tokio además había 12 horas de diferencia respecto a Barcelona, la ciudad en donde vivo. Mi computadora era tan vieja que no recibía bien los mails. Y además, ese hotel era tan lujoso que nadie suponía que pudieras necesitar una computadora. Todos los que se alojan ahí tienen una computadora. Así es que estaba bastante aislado, bastante incomunicado. Además del hecho de que nadie hablaba mi idioma. Y recuerdo que una noche no podía dormir y puse el canal porno del hotel. Pero la penetración estaba pixeleada. En el porno japonés se pixelea la penetración, aparece borrosa. Y recuerdo haber pensado, casi con lágrimas en los ojos, este es el único contacto humano que voy a tener esta noche y está pixeleado. Y pensé que podía hacer una novela sobre eso que sentía y sobre relaciones humanas pixeleadas. Porque de eso se trata Tan cerca de la vida: gente que trata de tener un contacto, pero el contacto es borroso.
Este libro es distinto a los demás. Y eso parece ser algo habitual en cada novela tuya, como que te reinventas siempre.
Sí, bueno. No tengo idea de quién soy. Creo que tengo un problema de identidad. Invento mundos para habitarlos, porque no sé cuál debería habitar en la realidad. Pero además, eso es lo que me gusta de escribir: que cada vez puedas crear un universo totalmente distinto. Y también lo que me gusta leer. Me gustan artistas como Pablo Picasso, Stanley Kibrick, David Bowie, que se reinventan y desafían sus propias reglas. Y eso me gusta hacer con mis libros.
Tan cerca de la vida nos plantea una historia de amor y a la vez un thriller. Y con elementos de la ciencia ficción, además.
No creo que tenga algo de ciencia ficción, realmente. Creo que todo lo que aparece existe, está en el mercado: el asistente personal. Hoy ha salido una nueva muñeca de inteligencia artificial, un nuevo producto japonés. Pero sí es una historia de amor y un thriller. Porque, bueno, creo que ambas cosas van justas. El amor es lo que te salva el pellejo cuando tu vida parece una historia de terror. Y eso es lo que le pasa a Max. Creo que el mundo dentro de su cabeza se está viniendo abajo, su sensación de la realidad. La realidad y la ficción. Y busca afuera un cuerpo a quien aferrarse, que es lo único que lo puede tener aferrado a la realidad.
Esa angustia de que todo en lo que uno cree finalmente se desvanece…
Sí, eso es lo que le ocurre a muchos de mis personajes, en realidad. Todo lo que creen es mentira. Porque me ha ocurrido a mí, muchas veces. Todo lo que he creído ha terminando siendo bastante gaseoso. Y me gusta escribir personajes cuyo rumbo se derrumba y tienen que buscar alguna manera de salvarlo. Creo que el mejor rival que puede tener el personaje es tú mismo. Tú mismo eres el peor enemigo que puedes tener.
La soledad es otra recurrencia en tus personajes. Pienso en Max, en Chacaltana e, incluso, en los personajes de Pudor.
Sí, siempre están bastante solos. Creo que la soledad es un mal muy actual, muy de un mundo en donde los vínculos familiares son más débiles. Los vínculos sociales se van destruyendo, también. La gente viaja más. Y eso hace que cada persona esté más librada a sí mismo y a su soledad. Yo soy una persona que siempre ha tenido que adaptarse, no sólo porque haya cambiado de países a lo largo de mi vida, sino porque, incluso, dentro de cada país he cambiado de trabajo y de grupos sociales. Soy muy adaptable. Puedo ser lo que haga falta, puedo ser gracioso o político. Puedo ser lo que me pidan. Pero siempre me pregunto: ¿yo cuál de esos soy? Y creo que eso se preguntan mis personajes. Creo que todos nos sentimos así en algún momento. Siempre hay una dimensión de nosotros mismos que creemos que los demás no entienden.
