Entrevista a Alejandro Susti
Poeta y músico, Alejandro Susti ha ido edificando una propuesta poética importante. Cadáveres (Mesa Redonda, 2009) y Escombros de los días (Hipocampo editores, 2011) son una ineludible evidencia. En esta entrevista, Susti reflexiona sobre ambos libros y sobre las diferencias entre los procesos creativos de la música y la poesía.
Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Comencé a escribirlo en el 2005. Tomó unos 2 años hasta el 2007 en que lo mandé al Copé. Salió finalista pero cuando volví a leerlo ya había eliminado varios poemas de esa versión. Entonces incorporé la sección de los poemas en prosa que se acerca más a lo que ahora escribo y varios poemas eróticos más.
–El tema de la muerte está muy presente en el libro.
Sí, aunque creo que el tema más constante en lo que escribo es el tiempo. La muerte es un accidente en el paso del tiempo y también una consecuencia.
–El tema de la muerte reaparece en Escombros de los días.
En ese caso se trató de la enfermedad y la muerte de mi padre. Intenté rescatar las cosas que me contaba de su vida antes de morir, un día, incluso, me preguntó ¿qué es el tiempo?
–Otro tema recurrente es la reflexión en torno al cuerpo, que está también en Escombros de los días…
Hay varios cuerpos en Escombros: el de mi padre declinando, el de la mujer que se desea y el de uno mismo que es reflejo de esas dos vertientes: la muerte y el amor.
–En Escombros de los días hay una parte ligada al erotismo.
Así es, está ligada al deseo.
–Escombros de los días obtuvo un Premio organizado por Hipocampo editores. ¿Qué significa este tipo de distinciones para un poeta?
Los premios son como cuchillos de dos filos o como trampas. Pueden crearte la sensación de que has terminado algo que vale la pena, pero eso nunca es cierto. La escritura es inacabable.
–Además de poeta eres músico. ¿En qué se diferencian ambos procesos creativos? ¿Hay poemas que terminaron como letras de canciones? ¿O viceversa?
Son diferentes. Las letras de canciones son más espontáneas y directas, veloces, fugaces y tienen que ceñirse al fraseo de la melodía. En un poema, en prosa o en verso, puedes sumergirte a profundidad, detenerte, adelantarte, retroceder porque te diriges a un lector, no a un oyente. No musicalizo poemas salvo el caso excepcional de la canción “Confianza” que nace del poema de Vallejo. Cuando escribo la letra de una canción va en otra dirección, directa, concisa, espontánea.

