Entrevista a Gustavo Rodríguez

Escritor peruano Gustavo Rodríguez. (Foto:CMS).

Mitigado el revuelo mediático generado por la intolerancia de muchos, el escritor Gustavo Rodríguez me recibe en su departamento miraflorino para charlar sobre Cocinero en su tinta (Planeta, 2012), su más reciente novela.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Más allá de ser una novela sobre la gastronomía como la publicita la editorial, encuentro, por el contrario, una búsqueda interior por parte de su protagonista… 

Sí, en realidad, como ha ocurrido en varias de mis novelas, en ésta he aprovechado la escusa de un proceso creativo, un proceso creativo que tiene que tener protagonista, para que él mismo se responda cuestionamientos que no sabía ni siquiera que tenía. Para mí es claro que cuando uno crea una obra, sea literaria, de artes plásticas, o culinaria, está poniendo a andar mecanismos y procesos inconscientes que de otra forma no nos daríamos cuenta.

En ese sentido (el de los cuestionamientos), un punto central en la novela es la relación conflictuada del protagonista con su padre.

Esta novela tiene varias ventanas para ser abordada. Varias ventanas en la forma de la estructura, pero también varias ventanas a nivel de tema. Entiendo que se haya querido promocionar la novela por su ventana gastronómica, sobre todo estando en el país que estamos. Pero en realidad la novela tiene otras aristas. Una de las más importantes, para mí, es evidentemente la relación que tiene el protagonista con su padre ya fallecido. Por ejemplo, a pocos días de lanzarse la novela, me escribió Mario Mendoza, el estupendo escritor colombiano, quien me dijo que específicamente esa parte de la novela lo había impactado, lo había dejado movido, por temas que él sabrá y que cada lector sabrá al leer la novela.

Aunque secundario, un personaje sumamente interesante en la novela es Lucho Lacunza, es fiel asistente del protagonista.

Un crítico me dijo hace poco que le parecía interesante la manera en que yo manejaba el humor a través de mis novelas. Y, claro, manejo el humor de manera inconsciente de un lado; pero de otro, de manera consciente. Cuando estructuré esta novela pensé en tener un personaje con una visión de la vida muy particular. Un personaje redimido, que se tomaba la vida con mucha más soltura hoy que antes debido a una tragedia que tuvo. Y busqué que ese personaje fuese primero un mozo, y después un jefe de salón, porque en mi recorrido por restaurantes para investigar (para la novela), encontré que muchas personas que se dedican a atender las mesas suelen tener, algunas de ellas, no todas, un tipo de contacto muy cálido con la gente, muy lleno de chispa. Entonces, el personaje de Lucho Lacunza se me fue formando así. Y además me parecía que Rembrandt Bedoya necesitaba un tipo de contraparte que bajara el dramatismo que él iba sintiendo. Y creo que a través de la novela Rembrandt va encontrando distintas contrapartes con las cuales dialogar y empezar a rebotar sus propios miedos, sus temores. Lucho Lacunza es uno de ellos.

Otro es el espectro de la abuela…

 El espectro de la abuela es otro de estos personajes rebote. Su propio amigo Schiaffino es otro.

La atmósfera de la novela es gastronómica. Hay en sus páginas un muestrario de sabores y aromas. Cómo fue el proceso de investigación, pues entiendo que tú no cocinas.

Yo quería impregnarle a la novela ese sentimiento que uno tiene cuando baja de un avión en Perú. Los peruanos cuando no estamos comiendo, estamos hablando de lo que comimos. Y por eso la novela tiene muchos guiños a lugares, muchas de las situaciones ocurren cerca a restaurantes. E, incluso, hay muchas metáforas que uso referidas a la cocina. Obviamente no hubiera podido aspirar a la verosimilitud si yo mismo no me hubiera propuesto la idea de saber cómo cocina un cocinero de verdad o un chef más o menos rankeado. Y mi primer acercamiento fueron varias entrevistas a fondo, con internamiento incluido en su restaurante, con Pedro Miguel Schiaffino. A quien no conocía y quien tuvo la generosidad de abrirme las puertas de sus secretos de su restaurante, incluso de su vida; para poder saber cómo piensa un cocinero de ese nivel. Por supuesto que también entrevisté a otros cocineros, a gastrónomos, como Mariano Valderrama; alguna vez le hice un cuestionario a Raúl Vargas. Sumando eso a todo el contenido que hay sobre cocina que hay en el país pude armar una trama que creo es más o menos verosímil.

Así como el protagonista, Rembrandt Bedoya se auto confronta a través de “personajes rebote”, tú como autor eres interpelado por tu personaje.

Sí, creo que esta novela es mi apuesta más metaliteraria. Y me pareció interesante el juego, que obviamente no he inventado, Woody Allen lo hace con cierta frecuencia, el hecho de que el autor de la novela sea cuestionado por su personaje en los límites de la novela, justamente. Porque yo también como autor he sido bastante crítico con la forma cómo iba tejiendo la novela. Y me parecía interesante cuestionarme a mí mismo a través del personaje principal, del protagonista. 


Deja un comentario