dialoga en Lima y en Loreto

Poeta peruano Miguel Angel Sanz en café de Surco (Foto:CMS).

Entrevista a Miguel Angel Sanz Chung

Publicado: 2011-06-20

Miguel Angel Sanz Chung publicó su primer poemario, La voz de la manada, en el 2002. Y ya desde ese momento concitó la atención de la crítica y de los lectores de poesía. Luego aparecieron Quién las hojas y Paciente 164. Ahora acaba de presentar el díptico Casa abandonada/Casa amarilla (Lustra editores, 2011), un poemario catártico que confirma su buen pulso lírico.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Qué recuerdas de La voz de la manada, tu primer libro?

La voz de la manada nació de alguna manera como una respuesta natural a una evolución que se venía dando en mí por una serie de preocupaciones por ciertos temas. Lógicamente tenía muy claro lo de escribir poesía. Cuando estábamos en la Universidad creíamos que íbamos a encontrar las herramientas necesarias para hacernos escritores, y luego te das cuenta que en la facultad de Literatura sólo están forjando críticos. Por suerte, comienzas a rodearte de una serie de personas que sí se preocupan como tú de lo mismo. Y un gusto que tenía desde muy pequeño era el de la zoología. Y fue la confluencia de ambas cosas: la poesía y el gusto por los animales. Lógicamente, con la intención de reflejar en cada texto la visión del ser humano. Y así se dio, de una manera muy natural. Es un libro al que le tengo mucho cariño.

Por esa época integras el grupo poético Elefante…

Sí, yo escribo los textos en la misma época en la que habíamos formado como grupo. Fue con Diego (Diego Alonso Sánchez) con quien vimos la idea de formar el grupo. Inmediatamente convocamos a Agustín (José Agustín Haya de la Torre), Lucho (Luis Alberto Valladares) y Moisés (Moisés Sánchez Franco). Más adelante a Romy (Romy Sordómez). Y siempre la idea era de juntarnos, de ayudarnos entre nosotros, mostrándonos nuestros textos, de criticarnos. Y una vez que pensamos que algunos cuantos textos de los que nos habíamos mostrado podían ser publicados, pensamos en ponerlo en un formato que pueda ser repartido gratuitamente.

Luego de algunos años aparece Quién las hojas. ¿Por qué ese largo intervalo de casi cinco años entre el primer poemario y este?

Luego del primer libro, la segunda búsqueda probablemente se te hace más complicada, en el sentido de estar retorciendo la cabeza y tratando de dar un buen segundo libro. No había mucha preocupación por lo que pudiera pensar la gente, sino el hecho de tú mismo sentirte cómodo en un segundo proyecto. Y así se fueron formando textos. Y creo que también influyó el haber dejado el país. Yo en el 2004 me fui de aquí y me absorbió mucho más el tener que buscar trabajo, en ver cómo sobrevivir en España, de ser independiente. Me casé, además, en el 2005. Digamos que la vida inmediata tomó más peso. Y hasta que no pasó tiempo, la publicación no fue lo más importante. Porque es cierto que antes que se publicara el libro llevaba un par de años escrito. Ese espacio me permitió aprender y ahora siempre dejo descansar los libros un par de años antes de publicarlos.

El siguiente en aparecer es Paciente 164

Este es el único libro que no he escrito como libro. El último y los dos primeros fueron concebidos como libros. Los poemas fueron escritos y luego se fueron uniendo y luego había que continuarlos. Ideas muy obsesivas que siempre tengo que seguir desarrollando, poema a poema, hasta que me agoto. En cambio en éste hay incluso poemas sueltos que fueron escritos y publicados antes de La voz de la manada en una plaqueta. Fueron poemas sueltos que me gustaban. Y luego se me ocurrió esta idea lúdica y también corrosiva de achacárselos a un paciente psiquiátrico. Entonces, fue la ocurrencia de inventar un archivador para los archivos. Fue un juego que me gustó. Es cierto, además, que los poemas tenían una lectura dramática distinta cuando no estaban en el libro. Y al ponerlos en este libro como que ya no sentía dolor cuando leía esos poemas, ya no era esa persona. Entonces podía ponerlos en otra bolsa y quitarles ese dramatismo mediante un libro irónico. Así fue como sucedió, un poco artificioso.

Ahora nos entregas Casa abandonada y Casa amarilla, una suerte de díptico poético. ¿Los concebiste de esa manera?

Estos libros fueron escritos independientemente. Es cierto que consecutivamente: habrán pasado unos meses entre libro y libro. Pero nunca hubo la intención de publicarlos juntos. Ni yo pensé que había una unión. Es más, ni siquiera me daba cuenta que estaba repitiendo el mismo tema: de objetos, habitaciones y estancias de una casa. Estaba tan ensimismada en esa escritura, que era una especie de limpieza interna, que no me daba cuenta ni siquiera lo que cada proyecto podía significar desde afuera. Casa abandonada, que fue el que primero escribí, fue hecho de manera terapéutica. Nunca he escrito de esa manera. Lo hice para sacar una serie de cosas y luego me di cuenta que me ayudaba a sentirme mejor conmigo mismo, con mi propia familia, con mis fantasmas. Y luego, una vez que está expuesto, poder entenderme mejor. Y parece que la limpieza no fue suficiente, y fue tan instintiva que faltaba un segundo libro donde las cosas se hicieran más racionales. Y eso lo hice con Casa amarilla. Y ya mucho después de haberlos escrito, me di cuenta de que ambos tenían el mismo espíritu. Es cierto que no el mismo estilo, no la misma edición; pero sí el mismo espíritu, sí la misma búsqueda.


Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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