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David Roas y Ana Casas en Miraflores. (Foto:CMS).

Entrevista a David Roas y Ana Casas

Publicado: 2011-09-19

David Roas y Ana Casas han elaborado una antología de relatos fantásticos de una rigurosidad académica encomiable. La realidad oculta: cuentos fantásticos españoles del siglo XX (Editorial Menos cuarto, 2008) nos muestra autores cultores del género que van desde Pio Baroja, Ramón del Valle-Inclán y Miguel de Unamuno, hasta otros más recientes como Cristina Fernández Cubas, Javier Marías, Juan José Millás y Carlos Castán, entre otros.    

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

–¿Cómo surge la idea de la antología?

David: Ana y yo siempre habíamos contemplado la posibilidad de hacer una antología de estas características, siguiendo la línea de otras mías anteriores dedicadas al siglo XIX: una de cuentos fantásticos españoles y la otra de relatos fantásticos españoles e hispanoamericanos.

Ana: En este proyecto combinamos nuestras dos especialidades, la teórica (de David) y la histórica, así como nuestros conocimientos en diversos periodos del siglo XX.

–¿Cómo definiríamos el género fantástico, siendo rigurosos?

David: Lo fantástico se basa en el conflicto entre lo posible y lo imposible, lo que exige, para que dicho conflicto sea perceptible, que la historia se ambiente en un mundo como el nuestro. Por eso, las historias fantásticas no se alejan de las convenciones de lo real; al contrario, son -aunque parezca paradójico- muy realistas. La irrupción de lo imposible suele provocar en el lector, primero, sorpresa, perplejidad, y, luego, sensación de miedo o de inquietud porque la realidad representada (reflejo de la suya propia) ha dejado de funcionar como esperaba.

–En España, a fines del siglo XIX hubo un auge del género fantástico, influenciado por autores como Hoffmann y Poe.

David: La tradición fantástica española se inicia en el Romanticismo y ha continuado ininterrumpidamente hasta nuestros días, aunque hay que advertir que nunca ha sido la tradición dominante (ni en España ni en ningún otro país). En unas épocas ha tenido mayor presencia y en otras ha quedado relegada por otras vías literarias hegemónicas. El gran desarrollo que tuvo durante el siglo XIX se debe, efectivamente, a la influencia de Hoffmann y Poe, sobre todo del autor estadounidense a partir de 1859, cuando lo fantástico entra en una etapa de gran producción y consumo en España. Su eclosión definitiva se produce en las tres últimas décadas del XIX.

–Luego del auge del realismo en la segunda mitad del siglo XX, hay una recuperación del género fantástico…

Ana: Después de la guerra civil, el realismo se consolida como la estética dominante porque, sobre todo durante las décadas 50 y 60, los intelectuales entienden que esa es la mejor manera de expresar su compromiso social y político. Aunque hay también escritores de peso que exploran la literatura no mimética (el realismo mágico y lo maravilloso, principalmente), lo fantástico no empieza a recuperarse hasta mediados de los 60, cuando autores tradicionalmente vinculados al realismo exploran otros caminos artísticos (Francisco García Pavón, Carmen Martín Gaite, Alfonso Sastre, entre otros). Además del agotamiento del realismo social, hay que destacar la influencia de la televisión y el cine, sobre todo de la televisión que por esos años estaba programando series extranjeras como The twilight zone y también nacionales, en especial Historias para no dormir, cuyos contenidos están muy ligados a lo fantástico y al terror. En esa época, además, las editoriales empiezan a recuperar nombres importantes para lo fantástico, como Lovecraft por ejemplo, y también a antologar relatos de género. 

–¿Qué sucede a partir de la década del 80?

David: A inicios de los 80 empiezan a publicar autores fundamentales que escriben literatura fantástica sin complejos, como Cristina Fernández Cubas y José María Merino, ambos, además, con una clara conciencia de que están escribiendo relatos fantásticos, lo que hasta ese momento no había sido muy habitual a lo largo del siglo XX. En la anterior centuria, en cambio, sí hubo autores especializados en el género o que lo cultivaron con asiduidad (Serrano Alcázar, Escamilla, Selgas, o autores reconocidamente realistas como Galdós, Alarcón o Pardo Bazán).

Ana: Con los autores que inician su producción en la década de 1980 se produce un cambio esencial, porque todos ellos en pocos años se convierten en autores canónicos sin abandonar nunca lo fantástico (aunque no sea el único género que cultivan, claro está). Así sucede con los ya mencionados Fernández Cubas y Merino, pero también con otros igualmente importantes como Javier Marías, Juan José Millás o Juan Eduardo Zúñiga.

–Ana, tú estás preparando una investigación relacionada con el género fantástico en el Perú. ¿En qué consiste?

Ana: Mi proyecto consiste en estudiar lo fantástico actual tal y como se está cultivando ahora en España y en Perú. En ambas tradiciones se aprecian importantes paralelismos, el más llamativo es que en estos dos países muchos de los escritores nacidos a partir de 1960 están escribiendo relatos fantásticos de manera habitual. Mi trabajo, desarrollado a lo largo de estos dos últimos meses, deberá dar cuenta de las líneas de convergencia y divergencia en dos literaturas que, aparte de compartir una misma lengua de expresión, no parece que estén dialogando entre ellas; no al menos de manera explícita, con alguna que otra salvedad, como la presencia de Fernando Iwasaki, gran escritor de cuentos fantásticos, peruano de origen y afincado en España desde hace muchos años. Sin embargo, aparte de las marcas culturales exclusivas de cada país, tanto los escritores españoles como los peruanos tienen referentes muy parecidos: las series de televisión, el cine, el cómic, además de las inevitables coincidencias en sus autores de cabecera, como Borges, Cortázar, Lovecraft y E. A. Poe.


Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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