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Escritor Luis Enrique Tord en su biblioteca. (Foto:CMS).

Entrevista a Luis Enrique Tord

Publicado: 2012-01-12

Luis Enrique Tord es, sin duda, uno de nuestros máximos exponentes del relato histórico. Dueño de una prosa bien cincelada, Tord ha reunido sus cuentos en Revelaciones (Punto de lectura, 2011), un libro imprescindible que cuenta, además, con dos cuentos inéditos.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

–¿Cómo surge su interés por la historia?

Yo pertenezco a la generación del 6pe0, a la que pertenecen Lucho Hernández, Javier Heraud, Arturo Corcuera, César Calvo. Una generación que accedía a la década del 60, una década revolucionaria en muchos aspectos. Es decir, ingresando yo a la Universidad Católica, a los dos años Fidel Castro entró a la Habana y empezó toda una línea de pensamiento  revolucionario de izquierda que abarcó, pues, el 60 y más. Por otro lado, la guerra fría entre la Unión soviética y los Estados Unidos, en donde se debatía el marxismo, el liberalismo. Por otro lado, la tecnología: el hombre llegaba a la luna. La formación lenta de Europa moderna, donde se iban dejando atrás las fronteras. Y una Lima que estaba en la época de Manuel Prado. Y después vino el golpe militar del 62. Entonces, en ese marco, yo estaba dubitativo con mi profesión. Empecé como todos los muchachos de la época, en humanidades pretendiendo la abogacía. La primera confirmación que tuve era que no me gustaba mucho. Yo tenía mucho encanto por la literatura, leyéndola, pero no investigándola. Pero sí la historia misma. Y después empecé a sentir lo extraño de un país como el Perú con una historia portentosa. Que había sido trabajada por respetadísimos maestros, pero que había mucho que decir todavía. Pero en el año 62, si mal no recuerdo, como era presidente de Letras, firmé un documento apoyando a la revolución cubana y me expulsaron de la universidad. Felizmente, porque entonces me pasé a San Marcos y allí descubrí el Perú provincial, que no era el Perú blanquiñoso de la Católica. Allí empecé a pensar qué vocación podía desarrollar porque tenía muchas inquietudes paralelas: la literatura y la historia, principalmente. Y en San Marcos descubrí la antropología. La gran experiencia de los antropólogos británicos, franceses, italianos y norteamericanos empezaban a alimentar las bibliotecas de las ciencias sociales de una manera interesante. La antropología permitía dominar muchas disciplinas y ponerles un orden. Entonces me hice de un bagaje muy grande de carácter práctico y teórico. Sin embargo, tenía desde muy joven la intuición de que iba a ser escritor. Pero la literatura que yo leía, de esa época, no me satisfacía. Era literatura urbana, historias de sentimientos y emociones. No me sentía atraído. Más bien la literatura que leía era la alemana clásica tipo Thomas Mann, Herman Hesse; o la francesa, tipo Honoré de Balzac, Marcel Proust.

–¿Y cómo se dio esto?

Soy un antropólogo, con estudios de historia, con trabajo de campo que ha preferido la literatura como la manera de expresar cosas que no podría hacer en las disciplinas llamadas científicas que necesitan documentos probatorios. En cambio la literatura te da licencias.

–¿Se puede decir que la literatura nos ofrece una manera de entender mejor la historia?

Estoy absolutamente seguro que sí. Hasta diría que muchas veces escritores nuestros quizás han transmitido una idea del pasado que gravita más en el ciudadano común hoy que las ideas de los historiadores. Uno de ellos es Garcilaso de la Vega, nuestro gran cronista, quien es de cierta manera un historiador a la manera del renacimiento, al que le importan las formas, le importa el saber decir y le importa la imaginación.

–Dentro de su interés por las crónicas, destaca su preocupación por los siglos XVI y XVII…

Sí, empecé a interesarme profundamente por los siglos XVI y XVII, pero desde el punto de vista de la discusión de las ideas, no que Gonzalo Pizarro se reveló en el año 44; eso ya estaba escrito. Me interesaba la interpretación literaria de algunos temas. Me hice de 20 cuadernos, a mano, en donde empecé a apuntar un programa de relatos, de cosas que me habían interesado particularmente. Y dentro de esas páginas, muy sistemáticamente apuntaba en el transcurso de los días mis lecturas y lo que tenían que ver con eso, en cada página, en cada cuaderno de cada relato. Eso se convirtió en unas esferas de borrador. Y en el 78 se convocó el Premio Copé y gané el segundo lugar con un relato. Y eso me empujó para que el año 85, yo ya hubiese escrito siete relatos. Y un día Sansebiero, que sabía que escribía, me preguntó cuántos cuentos tenía y se ofreció a publicarlos. Yo no había pensado en una publicación. Y así salió el libro Oro de Pachacámac. En el 91 publiqué Espejo de constelaciones. Y el tercero, el 2005, Fuego secreto.

–¿Cómo aparece Revelaciones, el libro que reúne todos sus cuentos?

Santillana me llama porque les interesaba publicar los cuentos completos. Y eran 31 relatos. Y no sé quién dijo: por qué no 33. Y yo tenía dos relatos inéditos.

–Que forman parte de un nuevo libro, ¿verdad?

Sí, he estado trabajando un libro que se llama Adivinario, en donde me aproximo a los augures prehispánicos o virreinales que jugaban a la coca o a las vísceras de los animales.


Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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