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Poeta peruano Jorge Eslava en su casa de Miraflores. (Foto:CMS).

Entrevista a Jorge Eslava

Publicado: 2012-04-14

Jorge Eslva acaba de publicar, no hace mucho, Las marcas (Borrador editores, 2012), un libro que reúne tres poemarios: los celebrados Itaca y Territorio, a los que se añade el hasta entonces inédito Escollera, cuya escritura se remonta al año 1992. Otra novedad es que, en el proceso de corrección de este libro, Eslava ha escrito algunos poemas nuevos que formarían parte de una futura publicación. Una grata noticia para quienes apreciamos –me incluyo– su obra poética.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

–En 1983 publicas Itaca, que viene a ser tu tercer poemario; sin embargo, ¿se puede decir que es con este libro con el que definitivamente adquieres ya un lenguaje propio?

Permíteme una salvedad. Ítaca es, en realidad, mi cuarto libro de poemas. A mediados de los setenta publiqué, de manera muy artesanal, un conjunto de poemas que tuvieron una hermosa presentación de Wáshington Delgado en la contracarátula. El título de este librito lo he desparecido de mi lista bibliográfica, aunque algunos de sus textos me gustaría interpolarlos en alguna novela juvenil. Respecto a tu pregunta, no sé si es inmodestia hablar de Ítaca como la consecución de un lenguaje propio. Creo que es un libro que tiene deudas visibles, ciertos afanes preciosistas: una pizca de barroquismo, cierta oscuridad y referencias cultistas que con el tiempo he tratado de borronear. Es con el siguiente libro me siento más cercano a una expresión personal… me sobrecoge la sencillez, la rudeza, el brío de la intimidad.

Luego, en 1989 aparece Territorio. ¿Qué recuerdas de la escritura de este libro?

Cada uno de los libros, menos Las marcas, han sido experiencias muy desgarradas. Era sí como asumía el acto creativo, con mucho agobio y autodestrucción. De modo que el proceso de corrección de Territorio, más que su escritura, que tuvo pausas y variados ánimos, fue muy duro. Las únicas personas que lo leyeron antes de su publicación fueron Watanabe y Ana María Gazzolo, que fueron severos y sumamente cordiales. Más bien tengo un recuerdo lleno de gratitud hacia Javier Sologuren… yo fundé Colmillo Blanco a fines del 86 y estuve muy dedicado a la editorial, tanto que descuidé mi trabajo creativo. Un día Sologuren me llamó la atención sobre esta transferencia; es decir, el gozo de publicar obras ajenas a costa de abandonar la obra personal. Fue una reprimenda afectuosa que me sirvió de impulso para reunir los poemas dispersos de esa época y concentrarme en ellos.        

Las marcas, que se acaba de publicar, reúne no sólo Itaca y Territorio sino, además, un libro inédito, Escollera. ¿Cómo fue tu reencuentro con este libro escrito en 1992?

Muy grato, aunque algo doloroso. Porque ha significado regresar, por la exigencia de los textos, a experiencia de hace veinte años. No es que el libro haya sido escrito en 1992, sino la mayoría de los poemas que lo conforman. Los textos los tenía en un folder que traje de Lisboa el 92, ciudad donde pasé casi un año, y que había permanecido en mi biblioteca todo este tiempo. El fólder tenía el título de Las marcas y un pequeño esquema de su estructura. El esquema ha variado con Escollera, el nuevo título, y Las marcas pasó a ser el nombre de todo el conjunto. Cuando recibí la invitación de publicar Ítaca, un libro del 82, propuse a mis editores acompañarlo de Territorio en un volumen. Me parecía que eran dos libros que dialogaban sobre temas comunes y obsesivos, pero con lenguajes diferentes. También el tono se había vuelto más descarnado y sombrío. Los editores lanzaron la idea de sumar poemas inéditos y acepté asumir el desafío: retomé los viejos poemas de Lisboa, los corregí, reescribí algunos. Fue un retorno a esa bella ciudad, donde paseaba con menos de cuarenta años, extrañando a rabiar a mi mujer y mis dos hijos pequeños…          

En Escollera está muy presente la familia...

Ha sido siempre un tema central en mi escritura. Tal vez es más patente en este libro por la distancia que entonces nos separaba. Mi hijo mayor entraba a la adolescencia, mi hija Naiara era una niña parecida a un cascabel y mi hijo menor no había nacido. Viajé solo, con el organismo muy golpeado pues acababa de salir de una grave infección. Debilitado y con mis seres queridos tan lejos puede explicarse la fijación por la familia.

Algo que es recurrente en tu obra es la presencia del mar...

El ambiente marino es otra constante en mi escritura. He vivido muchos años en La Punta y he nadado, buceado, remado como formas de encontrar la felicidad. A menudo digo en broma que yo he sido pirata en una vida anterior. No solo me gusta el mar, sino la vida algo temeraria. La figura romántica del pirata está vincula al anarquismo, al enamoramiento, al rechazo de la hegemonía económica. También a la solidaridad, al pundonor, a la nobleza entre la hermandad. Los poemas de Escollera —un término marinero que Chirinos analiza estupendamente en el prólogo— fueron escritos, casi todos, en una ciudad portuaria. Yo salía los fines de semana a pasear por el muelle, solo, como lo hacía a diario en La Punta, para mirar el movimiento de estibadores y hombres de mar. Había en los alrededores del puerto algunos puestos de periódicos y revistas, que vendían también libros usados. Sentado en una banca me pasaba horas leyendo y observando…   

Recordábamos el hecho de que en un momento dado Washington Delgado anunció su retiro de la poesía. Algo que finalmente, por suerte, no llegó a cumplir, y tú tuviste mucho que ver. Traigo esto a colación pues quisiera preguntarte si este reencuentro con Escollera y el proceso de corrección que me cuentas podría significar un retorno tuyo a la poesía.

Cuando mi querido maestro presentó Un mundo dividido, la ceremonia tuvo un aire de exequias. Aquella noche anunció su retiro definitivo de la poesía. Así es, afortunadamente lo desmintió con Reunión elegida y luego Historia de Artidoro, uno de los libros mayores de la poesía peruana. Yo nunca anuncié mi alejamiento de la poesía, fue un simple acto íntimo de renuncia. Quise salvar mi matrimonio y mi familia, la poesía me desbarataba el ánimo, me volvía intratable. Mis preocupaciones por la docencia y la creación de literatura infantil me han amparado todos estos años y me han fortalecido. Corrigiendo Escollera han surgido nuevos textos que he guardado en un archivo, ya con nombre y secciones, que en algún momento se sumarán a Las marcas.        


Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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