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“Siempre he sentido atracción por personajes que juegan con el fracaso”

Francisco Angeles y su segunda novela Austin, Texas 1979

Publicado: 2014-07-17

Esa extraña seducción por el fracaso como temática que perseguía a escritores como Ribeyro y Onetti también ejerce una marcada influencia en Francisco Angeles, escritor peruano que radica en Estados Unidos y que no hace mucho presentó su segundo libro Austin, Texas 1979 (Animal de invierno, 2014). Se trata de una estupenda novela, varios peldaños más arriba de su interesante ópera prima La línea en medio del cielo. Francisco estuvo de paso por Lima y pudimos charlar –entre la cafetería y los jardines de ISIL– en torno a esta nueva entrega que no hace sino confirmar los buenos presagios que su primer libro adelantara. 

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR | Fotos: CMS


¿Cuál es el origen de Austin, Texas 1979?
Hay un origen literario y un origen biográfico. El origen biográfico tiene que ver con el temor de cumplir 30 años y la idea de cambiar de vida a partir de cierto momento. Y luego pensar qué ocurre después. Y sobre el origen literario, quiero mencionar dos títulos: La tentación del fracaso de Julio Ramón Ribeyro y un cuento de Juan Carlos Onetti, “Bienvenido Bob”, que para mí es un cuento impresionante y probablemente mi favorito de toda la literatura universal. Es un cuento que narra la historia de un joven que va a un bar donde hay gente mayor. Es un bar decadente lleno de fracasados y él, que tiene 17 años, piensa que su vida va a ser diferente. Y, claro, cuando va pasando la vida ésta termina convirtiéndolo en uno más. Creo que la lectura de esos textos, que para mí fueron una compañía durante mucho tiempo, de alguna manera modelaron ciertos aspectos de mi personalidad. Entonces, como que he sido proclive a los temas que tienen que ver con la dificultad de crecer e instalarse en el mundo adulto. Entonces, mi biografía ha seguido un poco el rumbo de Ribeyro: intenté en algún momento hacer una vida como la suya cuando va a París. Yo me fui a Miami, cuando tenía 20 años, con precariedad, sin rumbo… siempre he sentido atracción a ese tipo de personajes que están como jugando con el fracaso.
En la novela, los personajes llegan a un punto de quiebre, diría, en que deben tomar decisiones que serán trascendentales para sus vidas…

Sí. Hay una historia social. Hablábamos antes de la presencia de lo pigliano en mi obra. Y creo que eso es lo que todavía queda de Piglia. Hay un relato social en esta época de proactividad, de emprendimiento, de triunfalismo. Y claro, uno tiene formas de responder a ese relato social. Y depende de la lectura que uno tenga de ese relato social, se van tomando decisiones. Entonces, mis personajes toman decisiones: que pueden ser o continuar ese relato social o romperlo para buscar algo diferente. Entonces, hay dos padres en la novela. El padre del narrador y el psiquiatra del narrador que es padre de otras personas. Creo que esas personas reaccionaron de manera distinta y opuesta frente a ese relato social. Se podrían entonces concluir sobre qué pasa si uno lee bien o mal ese relato social. 

Y esas decisiones que a veces uno toma pueden terminar dañando a alguien…
Eso es complicado. Y creo que en la segunda parte del libro está mucho más marcado, porque el narrador se encuentra en una disyuntiva, que no sabe qué hacer. El padre viaja a Austin a estudiar filosofía política. Está casado, pero se encuentra con otra persona. Entonces, se enamora de esa otra persona y debe decidir qué hacer. Su vida, digamos, es consecuencia directa de lo que ocurrió en ese momento. Siempre hay ese asunto que uno se plantea qué tanto derecho se tiene de dañar a otras personas con las decisiones. Cuánta libertad puede uno ejercer y qué significa exactamente ejercer esa libertad, cuando uno sometido a un montón de normas, culturales, sociales. Pero también habría que preguntarse cuál es la contradicción entre el daño a terceros y la propia libertad. Todas esas preguntas están planteadas en la novela. Sobre todo en la segunda parte.
Esos dos personajes que aparecen en la novela, además de la paternidad, digamos, tienen en común la racionalidad como característica principal…
Sí, son dos tipos racionales, pero de formas distintas. Creo que el primero, el psiquiatra es un tipo muy racional pero es un personaje más liberal. Liberal en el sentido en que lo más importante es el resultado. No se cuestiona por los medios. El otro, es un caso un poco opuesto, es un tipo muy racional porque es un intelectual. Entonces, tiene muchas lecturas. Y en una escena hay un intento desesperado por saber qué hacer en una situación cotidiana, en una situación como muy trivial: enamorarse de alguien. Entonces, para qué te sirven todas esas lecturas. Es un tema que me interesa mucho, pero la desarrollaré en mis siguientes libros: la brecha entre la vida intelectual y la vida práctica.
¿Cómo planteaste la estructura? ¿Cómo es tu proceso creativo?
A mí me gusta tener el control siempre. No me gusta eso de que la novela me lleva por donde quiere o que se escriba sola. En el fondo es mentira porque no es así, uno tiene que escribirlo. Me gusta tener el control. Pero no es que la tenga absolutamente clara desde la primera línea, pero sí bastante temprano. Empecé escribiendo, como te comenté antes, pequeños fragmentos con los que pretendía simular un diario. Eso le permite a uno meter ideas de distinto tipo, comentar libros, hacer reflexiones. Quería hacer escenas en la vida de un personaje que se siente solo, que ha terminado una relación. Y que después de esa relación intenta rescatar escombros de lo que esa relación fue. Entonces, tenía la intención de que escribiera un diario. Pero muy temprano descubrí que habían como historias paralelas que me gustaban como para rodear esos textos y darle cierto contexto: a quién le cuentas esas historias, para qué. Me empecé a preguntar eso, quién es ese narrador y a quién le está hablando. Así empezaron a surgir los otros personajes.
Luego de la publicación de tu segunda novela, ¿cómo ves a la distancia a la primera?

Con un cariño renovado. Hay varias personas que sé que han leído la primera novela y me lo han comentado después de leer esta última. Esta novela como que ha despertado cierta atención hacia la primera novela. Eso me gusto. La primera como que ha reaparecido, la he visto incluso en librerías. Es una novela de la que aún me siento orgulloso. Me gusta más la segunda, me parece mucho mejor y creo que casi todos coinciden en eso, pero a mí me sigue gustando la primera. No me avergüenzo para nada. Y creo que hay relación con la segunda aunque sean distintas: el tema de comprender el pasado, por ejemplo, que está en los dos libros. 

Angeles en los jardines de isil. (foto: cms).


Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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