desde este momento, no más hermanitos

“La poesía es corrección”

Abelardo Sánchez León y la reedición de sus dos primeros poemarios

Publicado: 2014-09-01

El año pasado, Abelardo Sánchez León publicó Grito bajo el agua (Paracaídas), un celebrado y esperadísimo poemario que dio término a trece largos años de silencio poético (en ese lapso, sin embargo, Balo –como lo llaman sus amigos– ha nutrido su obra novelística con tres entregas más). Y este año, el sello Paracaídas editores ha tenido la feliz y plausible iniciativa de reeditar, en un solo volumen, sus dos primeros poemarios, Poemas y ventanas cerradas y Habitaciones contiguas, publicados originalmente en 1969 y 1972, respectivamente. Así, a propósito de Ventanas y Habitaciones (Paracaídas, 2014), Balo nos recibió en su casa para una charla, además de interesante, entrañable.   

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR | Fotos: KARINA VALCÁRCEL


¿Qué ha significado para ti revisitar tus dos primeros poemarios?
Lo primero es que no soy la misma persona. Definitivamente (la de esos dos libros) es otra, una que tiene 25 años. Otra diferencie: el Perú era otro país. La temática, de hijo de familia de una clase social determinada, ya no me pertenece. Ha desaparecido completamente. Ahora mi vida está reducida al mínimo: Marcia, mi hijo y yo. Se ha reducido mucho. Desde esa óptica he mirado esos libros con cierta nostalgia. En algún momento tuve una familia numerosa que hoy ya no existe. Y bueno, Peter Elmore, habla en el prólogo de una mirada generacional, con lo cual me salva, no es una mirada anecdótica de sucesos personales, sino que tendría, según él, una perspectiva generacional.
El tema familiar, el entorno más íntimo, es algo que aparecerá en libros posteriores…
Esa temática quizás continúa. Aunque no tanto, de acuerdo a lo que estoy trabajando hoy. Puede estar en Rastro caracol, en El mundo en una gota de rocío, desde una perspectiva más particular. Pero sí, el tema de fondo, el que sí me fascina es el tema padre-hijo; un poco kafkiano, ¿no? Ese sí sigue siendo un tema interesante; quizás por la autoridad paterna, quizás porque he sido padre después. La crianza, la educación, los valores pueden ser una temática sociológica que se transforma en poesía.
Cuando mencionabas lo generacional, me vino a la mente tu generación, la del 70, y el hecho de que tú y José Watanabe no se unieron a grupos como Hora Zero, por ejemplo, que era lo común. Ambos eran insulares, en ese sentido…

Sí. El tercero en discordia es Manuel Morales, quien también era insular. A pesar de que lo quieren ubicar en grupos creo que básicamente era una persona solitaria y de tránsito. Lo recuerdo de pocos años y después se va, desaparece. Watanabe y yo creo que teníamos en perspectiva una temática, un estilo, una visión de la poesía ya formada. Y los grupos eran para mí una manera de defenderse en la ciudad. La mayoría de ellos eran de otras ciudades, no eran limeños. Lima ha sido siempre una ciudad muy hostil para quienes vienen de afuera. Y los grupos era una forma de comunidad, vivían en lugares compartidos. Habían habitaciones, fiestas, tres o cuatro cantinas. Entonces, se acompañan. Creo que es más un fenómeno sociológico que propiamente literario, ¿no? Todos escriben distinto, no me vengas. Verástegui será de Hora Zero pero no tiene nada que ver con Pimentel, y menos Ramírez Ruiz o Jorge Najar. Entonces era una forma de estar juntos. Y estaban juntos. Yo más bien venía de Lima, entonces no necesitaba ese tipo de acompañamiento, creo. Y Watanabe tenía a Osores y Corcuera que eran de Trujillo. Y su propia cultura. La cultura de Watanabe era la cultura de la paciencia, del detalle, de lo meticuloso, de la parsimonia, de hablar lento, de caminar más lento todavía. La personalidad de Watanabe no iba con lo grupal.

En esa época, la de los dos primeros poemarios, ¿qué autores solías leer?
Los franceses Baudelaire, Verlaine, Rimbaud. Whitman en EEUU. Los beat: Ginsberg, que en Verástegui se hace evidente. Latinoamericanos también: Ernesto Cardenal estaba de moda. Nicanor Parra. Los italianos: Ungaretti. Los peruanos también: César Moro, Westphalen. Leía un poco de todo. Pero no veo una influencia. Más bien creo que me gustaban los que no escribían como yo.
¿Cómo es tu proceso creativo en cuando a la poesía? ¿Escribes a mano?
Sí, a mano siempre. Hasta el día de hoy. Ahora escribo en unos cuadernos. Y los corrijo mucho. La poesía es corrección. Se escribe y se corrige. Y ahora, a esta edad, trato de sacar todos los versos que sean innecesarios para que esté lo que deba estar. Antes escribía a mano, lo pasaba a máquina y lo corregía. Y lo volvía a corregir. Siempre he corregido mucho. Ahora, hay dos tipos de poemas: el poema que sale y el poema que lo trabajas. Tengo por ahí un poema desde varios días, los corrijo y los corrijo.
Toño Cisneros decía que más que inspiración, la escritura era un asunto de disposición, de un momento que a veces podía llegar o no. ¿Cómo lo ves tú?
Bueno, Toño escribía poco, ¿no? El escribía por ráfagas. El decía: estoy en un momento poético, que podía durar diez años. No lo forzaba. Toño tiene una obra bastante amplia pero espaciada, porque él sí creía en estas ráfagas poéticas. Hay otros que escriben con una práctica: y allí se debe diferencias lo bueno de lo malo. Yo creo que hay momentos en que tú escribes y hay que aprovecharlos al máximo, como el amor, hermano, y tienes que darte cuenta (risas), sino puedes pasarte años sin que aparezca esa persona que despierte esos sentimientos. Yo funciono mucho con una temática y un tono. Ahora estoy escribiendo tres libros simultáneos. Cada uno tiene su tono. Y tomo notas, apuntes, ya no voy a la página en blanco, como una piscina sin agua. Me preparo un poquito: una pequeña idea, una metáfora.
Luego de la publicación de El mundo en una gota de rocío pasaron trece años hasta la aparición de Grito bajo el agua, tu más reciente poemario ¿Por qué esa distancia?
Por dos razones. Primero, porque el tema de ese libro (El mundo en una gota de rocío) es triste, es la pérdida de mi hijo. Y la poesía me llevaba a mí a algo medio irracional, conocía a un mundo a través de la poesía que me dio temor; entonces dejé la poesía hasta que pudiera regresar a ella. Esa razón, extraña, de temor a la poesía es real. Me quedé un poco impactado con el tema, con los poemas y decidí tomar distancia. Y la otra razón es la apuesta por la narrativa, que es otra experiencia.
Una vez le pregunté a Rodolfo Hinostroza como se definía, siendo alguien que cultiva otros géneros, y me dijo que se consideraba un poeta que escribía todo lo demás. Tú eres también novelista, además, de poeta…
Los amigos dicen que soy más poeta, entonces debe ser verdad. Y creo que es mejor ser poeta que ser “todo lo demás” (risas). Cualquiera escribe un cuento, pero un poema no tanto.
Luego de un largo silencio, aparece Grito bajo el agua, ¿cómo fue el reencuentro con la poesía?

Por cuestiones prácticas. Como Jefe de Departamento no tengo tiempo para escribir novelas, entonces he vuelto a la poesía (risas). Bueno, también he calentado motores, supongo. También hay que esperar, ¿no? El parto dura nueves meses. En trece años seguramente había poemas en ebullición futura. Lo interesante también ha sido la influencia de la narrativa en esta época. No experimento mucho, pero estoy tentado a unos poemas en prosa. Pero Grito bajo el agua es una versión poética de La soledad del nadador, es casi el mismo tema. Pero al ser dos géneros distintos, no tienen nada que ver una cosa con la otra. 

BALO EN SU CASA. (FOTO: KARA VALCÁRCEL)

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Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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