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Gálvez Ronceros: Monólogos desde las tinieblas

ANTONIO GÁLVEZ RONCEROS. Monólogos desde las tinieblas (Alfaguara, 2017) 102 pp.

Publicado: 2017-03-20

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR 

Un clásico. El libro de relatos Monólogos desde las tinieblas es, sin duda, un clásico contemporáneo en nuestra tradición literaria. Y Antonio Gálvez Ronceros, su autor, miembro de la célebre generación del 50, uno de los narradores más importantes de nuestras letras. Como muchos, mi primer acercamiento a la obra de Gálvez Ronceros se produjo en el colegio, a través de los textos de Monólogos desde las tinieblas que se incluían en los libros escolares. El primer relato que leí fue “Jutito”, aquel que giraba en torno a un niño pícaro que le tomaba el pelo a su padrino. “Mia dicho temenda lisura”, le reclamaba el padrino al padre de Jutito.

     Intrigado por aquel universo narrativo, busqué leer más de aquel autor. Y, por suerte, encontré el referido libro Monólogos desde las tinieblas en la biblioteca paterna. La edición que hallé era una perteneciente a una colección editada por la Municipalidad de Lima (1986), Munilibros, coordinada, según reviso ahora en los créditos, por Manuel Scorza (además de escritor, célebre por sus Populibros).

     Monólogos desde las tinieblas contiene 23 relatos –seis más que la primera edición de 1975– que giran en torno a los campesinos afroperuanos de las haciendas de Chincha. Un universo narrativo que, como bien apunta el escritor y editor Dante Trujillo en El Comercio, sólo había sido abordado previamente por Enrique López Albujar (Matalaché) y José Diez Canseco (Estampas mulatas). Antonio Gálvez Ronceros toma la manera de hablar de los campesinos afroperuanos y la vuelve un pilar fundamental de su propuesta: edifica una representación del habla de los personajes a partir de sus giros y expresiones particulares. No es una copia fiel –pues no hay ninguna intención periodística ni sociológica–, ya que Gálvez Ronceros construye con todo eso piezas literarias. Y de gran valía.

     Otra característica del libro –y en realidad de la narrativa de su autor– es la impronta humorística que le imprime a los relatos. Lo vemos, por ejemplo, en el cuento “Etoy ronca”, en la que una mujer, a lomo de burro por un camino solitario, se cruza con su compadre. Medio inquieta, le pregunta si no estará pensando en “tumbarla”, aprovechando lo desolado del camino. Su compadre, quien percibe en ella una intención subalterna, le responde con otra interrogante: “Comairita, si yo la tumbo en ete camino, ¿uté grita?”. La negra termina: “No, compaire, poque hata ronca etoy”.

     Antonio Gálvez Ronceros publica poco. Son apenas seis libros (cinco de relatos y una selección de artículos) los que tiene en su haber. Sin embargo, ha logrado una obra bastante homogénea en calidad. No hay mayores desniveles en su obra y ese ya es un gran mérito. Se trata, pues, de un autor diestro en el manejo de las técnicas narrativas. Y, sobre todo, sin esa urgencia, que parece ser el mal de muchos, de querer publicar todo el tiempo. Luego de varios años de silencio, publicó no hace mucho La casa apartada (2016), un libro de relatos recomendable desde todo punto de vista. Y que no hace sino confirmar que se trata de uno de nuestros mejores cuentistas (en el grupo que lidera Julio Ramón Ribeyro y en el que también destaca Guillermo Niño de Guzmán o Fernando Ampuero).

     Conocí a Antonio Gálvez Ronceros en el 2003 cuando el Fondo Editorial de la UNMSM le publicó lo que en ese momento era un nuevo libro de cuentos: Cuadernos de agravios y lamentaciones. Lo he visitado algunas veces más, siempre en su casa de Surco, y todas las veces ha sido un placer conversar con él, pero sobre todo escucharlo. Su faceta docente suele filtrarse en su amena y cadenciosa charla.

     Penguin Random House, bajo su sello Alfaguara, ha tenido la feliz (y siempre necesaria) iniciativa de reeditar Monólogos desde las tinieblas (uno de los libros peruanos con más reediciones, sin duda). Un libro que, como dije al inicio, es un clásico y que no sólo todos deberían leer sino que es un libro que debería estar en todas las bibliotecas particulares. Casi un sacrilegio no tener un ejemplar de ese libro en nuestros anaqueles.

foto: cms.


Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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