El racismo es un lastre de vieja data. Y aunque en estos tiempos pareciera que nos estuviéramos despercudiéndonos de él, aún es insuficiente. Basta con ver en la televisión o escuchar en la radio a pseudo comunicadores que se burlan o menosprecian a la gente por su color de piel. Marco Avilés, destacado periodista autor del muy interesante libro Días de visita, acaba de publicar No soy tu cholo (Debate, 2017), un alegato en contra del racismo y sobre la necesidad de asumir la riqueza de ser cholo. El libro se presenta este 28 de julio, a las 6 pm, en la FIL Lima (Parque Los Próceres, Jesús María) con la participación del ministro de cultura Salvador del Solar. 

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR / Foto: CMS

–¿Cómo se origina este libro?

–Yo estaba escribiendo sobre estos temas: conflicto racial, discriminación; sobre todo en mis redes sociales. Pero no era muy consciente de que se podrían reunir esos textos en algún lugar hasta que publiqué un artículo que se llamó “No soy tu cholo” en Ojo Público y que era un poco más largo y, creo, más profundo. Y entonces sentí que había logrado expresar algo que antes no. Justo por esa época me habla Jerónimo Pimentel y me dice: he estado leyendo tus textos y creo que forman un libro. Hacemos un formato pequeño. Y con esa llamada pensé que sí, así que lo edité y creo que ha logrado tener cierta forma.

–En el título se plantea, me parece, una nueva manera de enfrentar el racismo…

–Me ayudó en eso entrar en contacto con James Baldwin, con lo que él ha escrito y con el filme I am not your negro. El título juega un poco con eso. Pero lo que me ayudó mucho en todo este tiempo ha sido darme cuenta que lo cholo no es necesariamente algo de lo que nos deba avergonzar. Pero además encierra mucha riqueza. Y esa riqueza es la que no hemos estado viendo. Entonces me puse a pensar cuál es esa riqueza de ser cholo. Qué es lo que ha estado ocultándose con este desprecio al cholo. Entonces empecé a leer mi propia vida y me di cuenta que ese conflicto, esta indignación está ocultando esa mezcla de sangre, de raza, de historia que hay detrás de cada uno de nosotros. En mi caso, tengo abuelos que han sido hacendados en el Cusco pero también una abuela que ha sido indígena quechua hablante. Y es esa historia que no he asumido antes con orgullo. Ahora de manera consciente, sí.

–Crees que esa nueva mirada se está empezando a instalar…

–Creo, y lo veo en mí: soy migrante, he estudiado en San Marcos, una universidad pública. Esa avalancha migrante ha empezado a educarse y es como una ola de la que vemos la espuma. Siento que es un movimiento inevitable. El cholo empieza a educarse de una manera en la que puede hablarle de igual a igual a los blancos. Yo puedo hablarles de igual a igual a los blancos y decirles: choléame, no me afecta. Y puedo decirles, eventualmente, no tienen la educación de estar donde están, que fue lo que pasó con este conflicto con Aldo Mariátegui. Me considero mejor preparado para hacer periodismo que él. Esta manera de mirar de igual a igual a quien te ha discriminado es algo que estamos consiguiendo. Pero hay que ser consciente de quién eres para poder enfrentarte a esa fuerza.

–La idea no es que a través de la educación se busque “blanquearse”. No se trata de eso. Pero es lo que ha venido ocurriendo.

–No, no es la idea. Blanquearse es algo que hemos visto que ocurre. La idea es desahuevarse y darte cuenta de cuál es tu riqueza. Hay cosas que he aprendido a apreciar en parejas de peruanos con extranjeros, y es cómo empiezan a educar a sus hijos enseñándoles desde pequeños dos idiomas. El papá la habla en español, la mamá en francés. Crecen con dos idiomas. Qué ha pasado con nosotros, conmigo: mi viejo hablaba quechua y yo nunca quise aprender, porque me daba vergüenza. En mi familia decían: no hay que aprender quechua, hay que aprender inglés, nomás.

–Quizás no sea utilitario aprender quechua pero es una forma de fortalecer nuestra identidad y una búsqueda de inclusión…

–Claro, esa posibilidad de comunicarte. Y la cultura está llena de contenidos. Y al no poder comunicarnos con esa parte del país que habla quechua estamos quitándonos la oportunidad acá en Lima de poder conocer y enriquecernos con eso. Y viceversa. Creo que en los Andes la gente es bilingüe, entonces ellos sí pueden absorber lo que se produce en esta parte. Pasa en Estados Unidos: el gringo que solo habla un idioma desprecia al inmigrante que puede hablar hasta tres idiomas. Eso también pasa en Perú: el ignorante que solo habla un idioma desprecia al que es bilingüe o trilingüe.

–El tema es, creo, cómo le quitamos a la palabra cholo, y otras palabras, esa carga de significados negativos que el racismo ha ido construyendo durante mucho tiempo. Sería un primer paso para asumir nuestra riqueza que planteas.

–Cómo le quitamos el hechizo a esas palabras. Creo que aprovechando la menor oportunidad para usar esas palabras de manera consciente como deberían usarse. Por eso en el libro me puse: cholo, serrano, migrante. Y serrano es una palabra cargada de ese desprecio cuando en verdad serrano es alguien que viene de la sierra, como el costeño que viene de la costa. Pero eres cool si dices costeño y no lo eres si dices serrano. Busco las oportunidades para decir: soy serrano y no hay problema con eso.

–¿Sólo basta con eso?

–Hay que hacerlo a nivel gobierno. Hay que invertir. La única manera en la que un gobierno valora algo es cuando pone plata en eso. Hay que poner plata para movernos de esta sociedad racista a una donde ya no sea importante el color de la piel, el origen.