Destacado ensayista y crítico de la vertiente lacaniana, Juan Carlos Ubilluz se introduce en los predios de la ficción narrativa con No tengo nada que ver con eso (Roja & Negra, 2017), novela cuya trama está inspirada en el conocido caso policial de una joven que asesinó con un cuchillo a su propia madre. Sobre este libro conversé con su autor en el acogedor café de la librería del Fondo de Cultura Económica. 

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR | Foto: Internet

–La novela se basa en un caso real. ¿Qué de ese caso te lleva a abordarlo desde la ficción?

–Mi primera idea era escribir un ensayo sobre el tema. Hay un fenómeno que registra el psicoanálisis que se llama la patología del acto. El problema de la clase media limeña de 1950 era la inhibición, la represión, el quiero pero no puedo. Hoy día la cosa ha cambiado, la gente actúa, realiza el acto. Y este caso me interesó porque formaba parte de la patología del acto. Pero me di cuenta que un ensayo al respecto era impracticable. Y en ese momento es cuando decidí recurrir a la ficción.

–El título, No tengo nada que ver con eso, es clave para entender en tenor del libro…

–El título del libro me parece que hay que leerlo en contraposición a otro título de la literatura peruana: No se lo digas a nadie. Esta novela tiene que ver con el secreto, con lo oculto, con velar una manera de gozar homosexual. Pero No tengo nada que ver con eso tiene ver con un acto. Se realiza un acto. Y entonces viene una suerte de negación de ese acto. El punto es a quién sirve ese acto, sirve al sujeto en la emancipación, o sirve a los planes de algún otro. El título no crea una incógnita sino niega algo que ha sucedido.

–El que realiza el acto sería un intermediario y habría un beneficiario…

–Claro, puede ser que esto beneficie a otro. No lo había pensado, pero ahora pienso que habría una relación, pero mucho menos marcada y con más complicidad, entre esta novela y el cuento de Zavaleta: “Juana la campa te vengará”. En ese cuento, la Campa realiza algo para otro. Y acá, en mi novela, se realiza algo para otro.

–Ahora que mencionabas el “quiero pero no puedo”, pensé en el personajes del padre y como éste de alguna manera admira a la hija por ser la representación del acto, del sí lo hago.

–Claro, el padre tiene más reparos. Necesita una justificación para poder realizar algo. El padre está en el registro de esas mujeres que dicen: “Ojalá mi marido me saque la vuelta porque tengo muchas ganas de dejarlo”. Digamos que está en ese registro.

–¿Por qué abordar el tema desde la ficción? ¿Qué te permite la ficción?

–Lo primero que me permitió la ficción, alejándome del caso real, fue poder narrar y decir cosas que no hubiera podido decir en el ensayo si se trataba del caso real. Primero hubiera existido la dificultad de conocer a esta persona, luego analizar a esa persona, con una serie de entrevistas, luego traicionar su confianza revelando ciertas cosas. No era muy ético proceder con el ensayo. Y entonces, efectivamente, adquirí esa libertad de poder decir lo que quería. Y creo que eso fue lo primero. Lo otro tiene que ver con el hecho de que al no sujetarme estrictamente a un caso real me permitía señalar ciertas tendencias de la época de una manera más clara que si hubiese obedecido al caso real. Me permitía sugerir más lazos entre el caso particular y lo que estaba ocurriendo en la época.

–¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Seguiste un esquema previo?

–Primero comencé escribiéndola de una manera bastante esquemática. Y cuando escribí un cuarto de lo que era la novela, allí me propuse ordenar cronológicamente las cosas. Tomé un gran sobre manila, ordené los capítulos, traté de que encajaran, y de allí lo ejecuté. Y ese fue más o menos el orden. De allí hubo ciertas cosas que se movieron, cosas que añadí o cosas que quité, o un nuevo reordenamiento a partir de las necesidades de la escritura.

–Uno de los elementos que me gustaron es que hay referencias de lecturas de Nietzsche y también los propios poemas del personaje.

–Primero, con respecto a los poemas, la cosa salió bien creo porque soy muy mal poeta. No soy poeta y cuando trato de serlo soy muy malo. Entonces siendo mal poeta salió un poema que escribiría una chica de 15 o 16 años. La persona de la vida real es mucho mejor poeta, no tiene que ver con ese nivel de poesía. Y lo otro, con respecto a la lectura de Nietzsche, siento que siempre se asociaba en los círculos literarios el acto de la chica con Nietzsche. Y me parece que no se comprendía realmente a Nietzsche. Creo que la novela propone una interpretación de Nietzsche que no necesariamente va con el acto criminal.