“Dios creó al gato para que el hombre pudiera acariciar al tigre”, decía Jorge Luis Borges, ilustre admirador de los felinos. El autor de Ficciones no ha sido el único seducido por la enigmática y fascinante naturaleza gatuna. Julio Cortázar, Jack Kerouac, Truman Capote. Y la lista puede ser interminable. ¿Qué hace tan especiales a los gatos? Mariela Castillo ha escrito un entrañable libro, Engatusada (Peisa, 2017), que nos puede dar más pistas. A través del humor y la ternura, Mariela nos narra las aventuras y desventuras de Mustafá y Fellini, sus dos gatos persas.     

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR | Fotos: CMS

–¿Cómo surge la idea de escribir Engatusada?

–Todo empezó con un cuento. En el colegio donde trabajo se tomó la decisión de que los chicos debían escribir más. Y nos mandaron a los profesores a talleres. Y en ese taller había que escribir textos personales. Yo pensé en mis gatos y escribí un texto que a mi profesor, Frank Villegas, le gustó y me dijo que lo alargara y lo hiciera un libro. Luego le enseñe el texto a Arturo (Corcuera) y a Lorenzo (Osores), y también les gusto. Esto fue como hace cinco años.

–Tus alumnos también tuvieron que ver…

–En el colegio en las clases con mis alumnos les llevaba estos textos como ejemplos. Y en cuarto grado les conté la historia de mi gato y les gustó. Y siempre me preguntaban por él y querían que les siguiera contando. Con esos chicos hubo una conexión especial. Y ellos también me motivaron a escribir el libro,

–¿Y escribes siempre en clave de humor?

–Sí, porque me divierte. Incluso, en la época de escritura del libro me pasaron cosas que no eran nada divertidas, como situaciones de duelo, enemistades con algunas personas. Y al escribir me di cuenta que no era evadir la realidad sino agarrarla por otro lado. Y sacarle la vuelta. Incluso, con algunas personas que he tenido choques, porque son conflictivas, las veía de otro modo porque creo que es saludable. Si bien hay una filosofía barata que dice que hay que reírse, creo que hay algo que es verdad: siento que hay maneras de enfrentar los problemas. Yo soy frontal, pero a veces no debes ser tanto porque chocas.

–Si bien son dos tipos de humor distintos, relaciono tu humor al de Lorenzo por la naturalidad…

–Sí, puede ser. Con Lorenzo estoy desde que tengo 19 años. Y es realmente un personaje, es divertidísimo, en situaciones fuertes que hemos tenido, nos terminamos matando de risa. Y, bueno, los amigos también. Toño Cisneros era otro. Cuando conocí a Lorenzo, yo tenía 19 y él 32, y sus amigos eran a veces mayores que él, incluso. Y entré a ese mundo. Y era tímida, callada. Y así como con mis hermanos me tuve que foguear, me tuve que foguear también con sus amigos y aprender a defenderme pues te tomaban el pelo. Si bien es un humor diferente, sí, hay algo de eso, del humor de Lorenzo y de los amigos.

–Cuentas en el libro que solías tener perros y que nunca pensaste tener gatos.

–Nunca. Me daban miedo. Eso de caminar en la noche y de pronto ver esos ojos de gato. Me daba miedo porque me parecía que me iban a saltar. Y, bueno, uno piensa que el perro es fiel y el gato no, pero no es verdad, son ideas nomás. Se piensa también que te van a arañar, pero tampoco. Yo puedo meter la mano en el plato de comida de mis gatos y no me hacen nada. Pero no son como los perros, son independientes. El perro es más invasivo.

–¿Qué te han traído los gatos a tu vida? ¿Has cambiado en algo?

–Sí, siento que han cambiado mi vida. Han cambiado mi sensibilidad. Es una cuestión hasta física, acariciarlos, sentir hasta que ronronean, que se te echen encima. Hay como una comunicación, por ejemplo, cuando muera alguien, cómo te acompañan. Cuando nos vamos de viaje, cómo se ponen antes de irnos y cómo se ponen cuando volvemos. Saben cuando estamos tristes, cuando peleamos. Tienen una serie de conductas bien marcadas.

–En el libro hay una serie de alusión a personajes como Antonio Cisneros, por ejemplo…

–Toño detestaba a los animales y hablaba muy mal de los amigos que tenían perros. Cuando tuvimos a Mustafá casi se muere. Nos dijo que ya no iba a venir a visitarnos más. “Ya dejaron de ser mis amigos”, decía, pero no podía dejar de venir. Y un día hasta se puso a jugar con Mustafá.

–Mustafá y Fellini ahora son dos gatos famosos…

–Cuando me enteré que iban a publicar el libro me puse contenta y ellos también, cambiaron, se pusieron locazos, corrían por toda la casa. El día de la presentación también estuvieron particularmente excitados. Por un lado deben sentir lo que uno sienten, aunque yo no estaba tan emocionada como ellos.

Mustafá. / foto: CMS.

fellini. / Foto: cms.