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Trelles Paz: La procesión infinita

RESEÑA | DIEGO TRELLES PAZ. La procesión infinita (Anagrama, 2017). 215 pp.

Publicado: 2017-08-15

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR 

La procesión no sólo va por dentro –como reza un dicho–, también resulta inevitable, no se puede escapar de ella, es infinita. Esta parece ser la premisa principal de La procesión infinita (Anagrama, 2017), la más reciente novela que nos ha entregado Diego Trelles Paz. Una novela que, más allá de haber sido finalista del prestigioso Premio Herralde, confirma a Trelles como uno de los escritores peruanos más importantes del escenario actual.

Uno de los aciertos de la novela, según mi perspectiva, es el diestro manejo que su autor evidencia en la estructura con la que se va narrando, de manera coral, digamos, esta historia. Los constantes saltos en el tiempo -sin ningún orden aparente- entre capítulo a capítulo no sólo nos ofrece una mirada más amplia y poliédrica de los personajes, sino que permite al lector, en una postura menos pasiva, ordenar las diferentes historias que se nos presentan para descubrir finalmente las relaciones entre ellas. Y si hablamos de relaciones, algo que disfruto de los libros de Trelles es como se relacionan entre sí, a través de personajes que reaparecen (Diego, “el chato”, por ejemplo) o temas que como constantes ayudan a edificar una obra mayor.

Como en entregas anteriores, en La procesión infinita la política y la literatura no sólo están sino que marcan la pauta de las tramas que se entrecruzan. La dictadura fujimorista está presente, sin duda, pero la novela se centra, me parece, en las secuelas de ésta. Es decir, cómo la historia política, muchas veces insuflada de violencia, repercute en nuestras vidas; cómo ese pasado, enmarcado en una experiencia traumática, vuelve persistentemente, en una suerte de procesión interna e infinita –y de allí quizás el título de la novela–. “… un pasado que asedia y destruye”, dice el personaje El Chato en un pasaje de la novela.

En el caso de Mateo, el profesor universitario, la desaparición y muerte de su mejor amigo en manos de paramilitares ante una delación de un senderista de alias “Manuel”, lo llevará a una obsesiva pesquisa por dar con el paradero de aquel a quien culpa como el responsable de la muerte de su amigo. Una muerte que lo ensombrecerá, que lo atará a la melancolía.

La presencia literaria que señalé antes está evidenciada en personajes como el Chato –que ha publicado entre otros libros, una novela titulada Borges, en claro guiño a la propia obra del autor– y Chequita, una joven autodidacta que se iniciará en la literatura con unos cuentos autorreferenciales. Además de las referencias librescas de cada uno, ambos terminan encontrando en la escritura una manera de autoconfrontarse e intentar entender lo sucedido –aunque el mismo personaje lo niegue, me parece, en un momento de la novela–. Lo que es indiscutible es que no pueden dejar de escribir y esa sea, quizás, otra procesión infinita.

Una novela de personajes. La diversidad de voces, que ya estuvo presente en otras enttregas, hace que los personajes resulten, en algunos casos más que en otros, cercanos e, incluso, entrañables a pesar de todo, como Francisco, el amigo del Chato. O, en mi caso particular, Cayetana, un personaje que cala en el lector. Y así podríamos añadir al Pocho Tenebroso, hilarante y enigmático personaje.

Diego Trelles ha logrado con La procesión infinita una estupenda novela. Una novela que he disfrutado sinceramente, que recomiendo sin remilgos su lectura, y que, me parece, contribuye a fortalecer más la trayectoria ya importante de su autor.

las tres novelas y los dos conjuntos de cuentos de diego trelles paz. | foto: cms.


Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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