Evelio Rosero es, sin duda, uno de los más interesantes escritores en lengua castellana de los últimos tiempos. Basta recordar su premiada y estupenda novela Los ejércitos, sólo por nombrar una de ellas. Rosero ha publicado recientemente Toño Ciruelo, una novela que gira en torno al inefable Toño Ciruelo y su larga y antigua relación con Eri, el narrador de la novela. Esta charla surge, justamente, a propósito de esta nueva entrega. 

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR | Foto: SALOMÓN SENEPO

–Siempre me ha interesado los detonantes de las historias. Qué imagen o qué idea es la que origina una novela. ¿Cómo surge Toño Ciruelo?

El colegio, los amigos de comienzos del bachillerato, las familias de clase media en Bogotá, son en cierto modo el detonante real. Pero no son la novela. Toño Ciruelo surge de la información, espontánea, reiterada, que tuve a lo largo de los años de diversos asesinos en serie, en latinoamérica, y especialmente en mi país. El llamado Monstruo de los Andes, por ejemplo, y otros más. Y la peor realidad, la completa nulidad de la justicia, la impunidad.

–La novela plantea una indagación del mal. Y Toño Ciruelo es un personaje que de alguna manera encarna ese mal.

–Sí, el mal es el eje en torno al que gravita la novela. Pero no solamente Toño Ciruelo es el paradigma de ese mal. Por lo menos mi propósito fue el de resaltar las causas o presencia de otros partícipes del mal: la familia, la sociedad, esa "justicia" a la que me referí, la instauración del odio, el egoísmo, la ambición, desde la misma niñez, en las escuelas y colegios. Y espero haberlo logrado en la obra, o por lo menos haberme acercado a esa realidad.

–Por otro lado, Ciruelo es un personaje oscuro que, sin embargo, resulta fascinante para Eri, quien es escritor. ¿Tiene esto que ver con la natural curiosidad del escritor por los personajes oscuros?

–Sí, tiene que ver con la curiosidad del escritor, y también con la curiosidad de cualquiera. El mal atrae más, me parece, o es más intrigante que la bondad. Siempre he pensado que el infierno de Dante es mucho más impresionante que la bondad y esplendor del paraíso. Eri Salgado siente repulsión por Ciruelo, pero también admiración; en cierto modo el incipiente escritor se siente fascinado por el mal. El Mal en la novela es la compulsión vital, y es permanente, hasta el final. El mal se sale con la suya (como ha ocurrido por lo general en la historia del país, que carece de justicia, que está entregado por completo a la impunidad). Recordemos que al final de la novela el protagonista desaparece, no es liquidado, disfruta, a lo mejor, de una vejez feliz.

–Eri, el narrador de la novela, fue en su infancia un entusiasta lector, un niño que se pasaba los recreos en la biblioteca. ¿Tu infancia fue similar?

–Sí, por completo. Los libros eran bastante más atractivos que los amigos, excepto la novia, por supuesto. Siempre fui un niño apartado, sin que por eso dejara de sentirme inmiscuido en la comedia y la tragedia de los demás, de mis compañeros, de los profesores. Creo que eso sucede con todo escritor.

–En tus novelas, el ejercicio de la memoria, de los recuerdos resulta muy importante. ¿A qué se debe?

–El proceso creativo de mis obras tiene que ver sobre todo con la intuición. No trabajo con planes o esbozos estructurales. Los hechos, las ideas, son determinados por el mismo trabajo de estilo, de búsqueda de atmósferas, de sensaciones. He notado que el regreso al pasado, a medida que se plantea la historia, es un común denominador en mi obra. Es como si me afianzara en el pasado, sus hechos, sus detalles, para reafirmar el presente de los personajes, para justificar sus acciones. Puede interpretarse como un recurso técnico, y es así. Pero también es así la vida; siempre tenemos un pie en el pasado. La memoria nos está avisando del pasado a perpetuidad, lo hace de manera consciente o inconsciente, pero el ayer inmediato, o el remoto de la infancia, si estamos viejos, nos determina el presente y el mismo futuro. De allí que Toño Ciruelo transcurra en un presente atiborrado de información del pasado, de angustias e interrogantes que nunca se pudieron superar.

EVELIO ROSERO | FOTO: INTERNET/EL TIEMPO.