Conocí a Margo Glantz el año pasado cuando aterrizó en Lima, invitada a participar en la Feria Internacional del Libro. Todo un privilegio, sin duda. De aquella visita muchos recordarán el espléndido diálogo que sostuvo con Mario Bellatin frente a un auditorio colmado de espectadores deslumbrados por la sabiduría y carisma de Glantz. La lúcida y entrañable escritora mexicana cumplió años ayer (88, siendo indiscretos) y a manera de celebración, reconocimiento y afecto comparto la amena charla que sostuve con ella, una mañana de julio, en un hotel miraflorino en el que se alojó. 

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR | Foto: CMS

–Me gustaría empezar a charlar sobre algunas constantes en su obra literaria. Una de ellas es la intertextualidad y la tendencia a derribar los límites de los géneros. ¿Cómo se da esto, fue algo consciente o se dio de una manera natural?

–No sé si es una cosa programada o una cosa normal. Probablemente me costó trabajo aceptar que era la única forma que tenía de trabajar: la intertextualidad. Empecé a hacerlo mucho antes de que se teorizara sobre eso. Será quizás por el interés que tengo por varias cosas al mismo tiempo, el ser profesora, el ser muy lectora, el interesarme por lo que pasa en la vida cotidiana, en la cultura, lo que pasa alrededor, y ver cómo todo eso se va organizando dentro de una misma textualidad.

–Otra constante en su obra tiene que ver con la temática del cuerpo…

–La relación con muchos de los temas que he tratado toda mi vida ha sido una relación muy espontánea y poco programada. A la larga acabó siendo como el punto medular de mi escritura. Y por más que no quiera o sí quiera está presente. Entonces, voy escribiendo y me doy cuenta que derivo hacia allí. Y luego ya se vuelve más consciente y mucha más teorizado.

–¿Cómo fue darse cuenta que derivaba hacia ese tema?

Escribí un libro sobre Tennessee Williams, porque hice la carrera de teatro, entre otras carreras, y escogí como tema para mi tesis de maestría a Tennessee Williams. Y me di cuenta que yo trabajaba mucho ciertas corrientes de la literatura y de la filosofía que tenían que ver con el cuerpo. Al principio como que las negaba. Luego me di cuenta que era lo que más me interesaba, porque a pesar que en el libro era contraria a esas ideas, eran en realidad las ideas que me interesaban. Era contraria como una especie de reacción visceral, pero no muy razonada.

–¿Cómo ve como intelectual mexicana el triunfo de alguien como Donald Trump? Algo que parecía a todas luces algo improbable…

–Como decía Walter Benjamin, siempre es posible lo peor. Lo que no esperábamos en absoluto, de que Trump ganara las elecciones, sucedió. Uno no comprende cómo ha podido ganar y también cómo los norteamericanos han permitido que lleguen tan lejos las cosas. Ahora, para nosotros es una catástrofe porque, bueno, es un país, de inmigrantes. Desgraciadamente México ha sido un país que no ha permitido que los campos mexicanos produzcan lo suficiente, que los trabajadores tengan posibilidades de mejor vida en México. Desde principios del siglo XX, la gente emigraba a los Estados Unidos. Y siempre hemos tenido esa relación de vecindad muy violenta entre México y Estados Unidos, y esto se ha agravado de una manera impresionante. El hecho de que muchos inmigrantes que llevaban 20 años en EEUU sin papeles y que podían más o menos porque había cierta permisividad ahora se está volviendo difícil y mucha gente se está volviendo a México. También me parece terrible pensar que México consume muchísimos productos que viene de los EEUU, pero producidos por mexicanos que se han ido a los EEUU. Una de las principales entradas para el país son las remesas. Es decir, mandamos gente a EEUU para que nos mantengan, lo cual me parece terrible. Y con Trump está pasando que están retornando a nuestros mexicanos. Qué va a pasar con nuestro país.

–¿Qué piensa de Enrique Peña Nieto, presidente mexicano?

–Pienso que es una desgracia. Hemos ido teniendo presidentes cada vez más malos. Pero Peña Nieto lo ha sobrepasado eso. Es el presidente con menos popularidad tiene desde que ha habido presidentes. Cada vez sube más su ineficacia, cada vez es más violenta la diferencia de las clases sociales. El nivel de violencia ha aumentado en México exponencialmente desde que llegó Peña Nieto. Claro que esto ya estaba preparado desde la presidencia del PAN. Creo que Calderón cometió errores muy graves, al hacer que los grupos de narcotraficantes se polarizaran, se dividieran esos grupos, y haya esa lucha entre los cárteles que ha permitido que en México haya más muertos que en otras partes.

–Conversaba hace unos días con una escritora peruana mayor y me comentaba que cuando empezó a escribir no había autoras mujeres como referencias. Esto ha ido cambiando. ¿Cómo lo ve usted?

En México cada vez hay más escritoras muy interesantes. Hay escritores jóvenes muy interesantes, pero de esos muchísimas son mujeres. Está Guadalupe Nettel, Verónica Gerber, entre otras. Hay gente muy buena. Y están saliendo nuevas que yo ya no conozco. Hay muchísimas jóvenes que son muy interesantes y que están surgiendo y ocupando un lugar muy importante como los varones. Cosa que en México, como en todos los países de América Latina, no sucedía. Aquí, Blanca Varela que es extraordinaria durante mucho tiempo nadie le hizo caso, o le hacían caso grupos muy pequeñitos. Y cuando uno lee su obra es de una fuerza, de un vigor y de una innovación del lenguaje que a mí me parece maravillosa.

–Ahora que menciona a Blanca Varela, quería preguntarle por su relación con el Perú…

–Cuando era muy joven, en mi colegio había un grupo de peruanos muy interesante, que estudiaron allá, por ejemplo, Augusto Salazar Bondy, José Duran, que escribió un libro sobre los manatíes muy bueno. Había una relación con los peruanos desde que era muy joven. Luego vine a Perú muy joven, y luego estuve vinculada con Mejía Baca, que tenía una librería impresionante. Leía yo mucho a Vallejo, luego evidentemente a Vargas Llosa, a Julio Ramón Ribeyro, a Eielson, a Valdelomas. Todos autores muy importantes para mi formación. Además soy profesora de literatura latinoamericana. Y por otro lado, Perú y México son las dos grandes culturas prehispánicas que sobresalen en el continente. Y hay una serie de cosas muy semejantes y muy diferentes, pero que de alguna manera nos unen mucho. Y últimamente he tenido oportunidad de conocer hace poco la cultura Mochica en el norte.

uno de los tantos libros importantes de margo glantz.