Mucho antes de publicar sus dos conjuntos de cuentos (Este amor no es para cobardes y Podemos ser héroes), Martín Roldán Ruiz había irrumpido en la escena literaria local con una novela. Una poderosa novela que reflejaba, a través de los ojos de un grupo de jóvenes subterráneos, la década de los 80, una época signada por el caos económico y la violencia política. Generación cochebomba apareció en el 2007, en una modesta edición. Sin embargo, la novela ha trazado un camino exitoso, reeditándose varias veces. Algo inusual en un mercado editorial como el nuestro. Y la quinta edición llega ahora bajo el prestigioso sello Seix Barral, una inmejorable ocasión para charlar con el autor. 

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR | Foto: CMS

–¿Escribir sobre los 80 fue una decisión o una necesidad de plasmar un testimonio de una época tan convulsionada?

–Ni lo pensé. Yo tenía la inquietud de contar las historias que había pasado con los subtes. Más por influencia de las películas que había visto como La Naranja Mecánica de Kubrick o de Coppolla como Rumble Fish o La ley de la Calle como se llamó en castellano. Eso era lo que me interesaba, contar una historia. Pero conforme iba escribiendo me daba cuenta de la necesidad de incluir la carga de los tiempos, que de alguna forma determina a los individuos. Ya los sesudos analistas me han dicho que ese Determinismo Social que caracteriza a mi novela es la que la hace diferente de otras que podrían ir en el mismo registro de la collera de rockeros dentro de drogas, sexo y Rocanrol.

–Los personajes principales de la novela son un grupo de amigos inmersos en el mundo subte. ¿Se puede decir que, en medio de una guerra interna y la crisis económica en la que se vivía, la música subterránea, el punk rock, se convirtió en un espacio de desahogo?

–Fue una catarsis. Aunque no fue masivo, es decir que no abarcó a todos los jóvenes del Perú, sí fue una muestra del descontento de un sector de la juventud, al menos la más lúcida. Pero la música subterránea no solo era punk. Había varios estilos del Rock, pero los estilos que surgieron a partir del Punk 77, y se convirtieron en la vanguardia de esos años. Y los subtes de alguna forma la establecieron en el país. Y no solo en la música sino también en otros ámbitos artísticos. Entonces podemos afirmar que también fueron un síntoma de que algo estaba mal en la sociedad.

–La novela refleja una época, la de los 80, pero al mismo tiempo presenta muchas aristas: la amistad, la crisis económica, la violencia, la cultura subte. ¿Fuiste consciente de eso al principio, o la misma historia al escribirla te fue llevando por esos rumbos?

–Está situada a fines de los 80. Y por unos tips que brindo puede situarse en 1987. De alguna forma la novela me fue dictando algunos aspectos que no era consciente al principio. Más allá de narrar una historia. Yo releía, y decía: No, acá tiene que haber esto o lo otro sobre el contexto, porque sentía que le daba más peso a la historia.

–La novela ha tenido un éxito importante a nivel de lectores. Cinco ediciones en diez años es algo inusual, un logro del que muy pocos se pueden ufanar. ¿Qué significa para ti que esta quinta edición aparezca publicada por un grupo trasnacional como Planeta y bajo un sello de prestigio e historia como Seix Barral?

–Es el reconocimiento a la novela por sí misma. Porque yo llegué con ella, a la literatura peruana, sin conocer a nadie, y en estos diez años solo he conocido a pocos. Para publicar, salvo la primera edición y las de Colmena Editores, a quienes yo les propuse me publiquen, me lo han pedido. Así pasó con Pepitas de Calabaza de España y con Seix Barral, y eso es porque le han encontrado un valor. En ese sentido estoy agradecido.