La primera edición de La Independiente demostró, entre otras cosas, que las alianzas publico-privadas pueden funcionar. Y muy bien. El Ministerio de Cultura y la EIP (Editoriales Independientes del Perú) unieron esfuerzos para organizar una feria que incluyera editores independientes de otras regiones del país. Luego de aquella experiencia, hace poco se realizó, en la misma sede del Ministerio de Cultura, la exitosa segunda edición, con más editoriales participantes, con más actividades -entre presentaciones, conversatorios, talleres y conciertos- y una afluencia de visitantes mayor. A manera de balance, conversé con Silvia María Gonzales, quien comanda con acierto a la editoriales independientes.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR | Foto: Archivo personal

–Culminada la segunda edición de La independiente, ¿cuál sería el balance general, en relación al papel de las editoriales independientes?

–Hemos madurado. Es sorprendente ver cómo en un corto tiempo las editoriales han crecido y tomado conciencia de su rol en la cadena de producción. Hay ahora un espíritu de colaboración y aprendizaje mutuo que no veía desde la época de ALPE. A algunas editoriales las conozco desde 2006, cuando empecé a trabajar en edición, y he podido ver cómo han ido sorteando los obstáculos y replanteado sus modelos de negocio. Muchas de esas editoriales, que superan la década de existencia, siguen aquí, desafiando todo y sacando adelante su catálogo. Otras más nuevas, en cambio, ya no cometen los errores que cometimos en nuestros inicios. Siento que ya somos un ecosistema propio. Ahora bien, es cierto que la profesionalización del sector todavía se da de forma casual, pero no es menos cierto también de que somos capaces de aprender de nuestros colegas de otras ciudades, de participar en ferias nacionales e internacionales, de trabajar por un bien común.

–¿En qué ha avanzado respecto a la primera edición de La independiente?

–Creció en todo aspecto. Esta Independiente logró más de 12 mil asistentes, 70 actividades, talleres enfocados a la profesionalización del sector, y participación de editoriales de once regiones con gran impacto en medios. En detalle, contó con la participación de dos escritores internacionales excelentes como lo son Margarita García Robayo y Carlos Velásquez, con talleres especializados para los editores con una experta como María Osorio, así como talleres de vital importancia como lo son el manejo en imprenta, con Jorge Tamaríz, y la gestión de canales comerciales, con Aldo Incio. En esta oportunidad también contamos con espectáculos musicales, lo cual permite ampliar la convocatoria. Nos acompañaron Susana Baca, Rafo Raéz, Consuelo Jerí, Marino Martínez, Carolina Aráoz, Amadeo Gonzales, La Lá, entre otros. Todo lo mencionado permitió presentar una propuesta más integral acompañada de una potente campaña de promoción en prensa y redes: más allá de ser un espacio de comercialización, La Independiente se empieza a consolidar como un espacio de encuentro creativo, un espacio de desarrollo para el sector editorial independiente.

editores independientes de lima y otras regiones en última instantánea de la independiente 2018. / foto: eip.

–Si cabría una autocrítica esta edición de la feria, ¿cuál sería?

–Creo que tenemos una deuda con las iniciativas editoriales que no lograron reunir los requisitos de participación. Hay producción muy buena que se queda fuera por no tener ISBN, por tener un catálogo de menos de cinco títulos o por ser autor-editor. Con respecto a la primera limitante, se trata de un requisito de formalización. Es un requisito básico para poder circular comercialmente con todas las de la ley, y nosotros impulsamos la formalización del sector. Con respecto a la segunda, es un tema de cantidad de publicaciones en exhibición. SI bien alentamos la aparición de nuevos emprendimientos, no podemos contar con expositores con solo uno o dos títulos por un tema de espacio. Con la última, responde a que el autor-editor está motivado a publicar cierto tipo de contenido, sea por un interés personal o sea por una necesidad comercial, con lo cual no está construyendo un catálogo anclado en la bibliodiversidad. Ahora bien, muchos autores-editores luego se convierten en editoriales al ver que, tras la experiencia con el trabajo propio, tienen la capacidad de afrontar este trabajo exitosamente. A todos aquellos que no cumplen con las tres limitantes, les dimos la oportunidad de participar en un espacio de venta administrado por EIP, y además nos hemos comprometido a tenerlos mapeados. De igual manera, la asociación es muy abierta en brindar asesoría para la formalización. Es parte de nuestra misión.

–¿Qué tal la integración de los editores de regiones?

–Nos ha fortalecido y nos ha ampliado el panorama. EIP es una asociación que busca impulsar a las editoriales independientes del país, y para ello necesitamos no solo entender la problemática del sector desde el contexto de cada uno, sino también unir fuerzas. Es una batalla intensa pues ahora que somos 32 empresas editoriales asociadas provenientes de 8 regiones sentimos que podemos afrontar con verdadera representatividad y con renovada fuerza. Trabajar en asociatividad es un camino largo que requiere confianza mutua y mucho trabajo en equipo.

–¿Qué retos nuevos se vienen para la EIP?

–Por lo pronto nuestra principal lucha tiene que ver con la Ley del Libro. Estamos muy próximos al vencimiento de los beneficios tributarios de esta y no tenemos noticias de un documento aprobado en consenso con otros actores del gremio con la finalidad de que el Ministerio de la Producción realice un análisis técnico acerca de su viabilidad. El estado del proyecto de la nueva Ley del Libro es una de nuestras principales preocupaciones. Es vital reformular la ley actual para hablar realmente de un marco legal que permita a las editoriales, competir en igualdad de condiciones si aspiramos a tener realmente una industria que impulse las letras, la investigación y la educación en el país. Luego tenemos en agenda fortalecer nuestra presencia en ferias, así como impulsar la continuidad del plan de estímulos económicos dirigidos al libro y al fomento de la lectura del Ministerio de Cultura y seguir mucho más de cerca el desarrollo del Sistema Nacional de Bibliotecas (SNB).