El año pasado publicó el estupendo poemario Tequilaprayers. Sin embargo, Julia Wong no descansa. Este año nos vuelve a sorprender con un libro muy interesante: Pessoa por Wong (Hanan Harawi, 2018), que se presentó hace poco en la Feria La Independiente. Se trata de un libro en el que, además de tributar al gran poeta portugués Fernando Pessoa, Wong se desplaza por temas recurrentes en su obra como la identidad fragmentada, entre otros tópicos. Inmejorable pretexto para charlar con Julia.  

Entrevista Carlos M. Sotomayor | Foto: Internet

–¿Qué tan importante fue el descubrimiento de la obra de Pessoa?

–Yo no sabía si era importante o no. En una de las visitas a mi viejo encontré un libro carátula ploma con la silueta fucsia de Pessoa, me gustó esa combinación de colores. Era una antología de los tres heterónimos; Álvaro, Alberto y Ricardo en una librería portuguesa de San Ma Lou, que es el centro histórico de Macau. Me atrapó la idea que uno puede triplicarse. Mirar el mismo objeto (en este caso el lenguaje) y describirlo desde tres perspectivas distintas.

Mi papa amaba la ópera china y aunque me negaba rotundamente a verla, oírla, menos entenderla me fascinaban los disfraces y las máscaras, había una magia inigualable en la versatilidad de los artistas para cambiar sus personajes a veces en la misma escena. Las máscaras de la ópera china parecen muy similares entre sí, solo si las observas bien te das cuenta que las diferencias están en los detalles. Algo así se yuxtapone al descubrir en Fernando Pessoa, un hombre que podía cambiarse de nombre y seguir siendo él. Alguien que disfraza sin aspavientos la nomenclatura. Pero que en esencia es el mismo observador terrible de lo que le sucede y de su propia mirada.

Es decir, la peripecia de ser tú, pero dividido en varias posibilidades me parecía que solucionaba mi propia fragmentación, más que crear una polifonía o un teatro de voces con muchos personajes que intentan explicar tanto el mundo interior, como la realidad observada. Creo que también hay una cierta humildad de no atiborrar al lector con una sola arrogancia de erudición, ese juego de arquitectura de identidades, hace de Pessoa un gran alquimista y un ingeniero civil

–¿Cómo decides escribir Pessoa por Wong?

–Gracias a María Alzira Brum, la conocida escritora brasilera que ha pasado muchas veces por Perú y ahora vive en México. Ella dicta talleres para diferentes Instituciones a lo largo y ancho de México, además hace traducciones del portugués al español. Me comentó que dictaría un taller para la creación de un libro artesanal (María Alzira hace cartoneras muy sofisticadas y bonitas). Ella viajó a Guadalajara donde viví desde fines del 2015 hasta principios del 2017, y me comentó que otra de las actividades que ofrecía era dirigir talleres personalizados para crear un libro basado en la lectura de un autor importante. Un autor de quien ella manejara tanto su producción como bibliografía sobre él. María Alzira ha pasado un tiempo importante en Portugal y conocía bastante de cerca el mundo de Pessoa, entonces me animé a hacer el taller con ella. Era un taller que en principio duraría seis meses, en los que tenías que leer básicamente doce libros sobre Pessoa, aparte de textos escritos por los heterónimos más difundidos de Pessoa mismo y algunos artículos académicos.

–¿Cómo fue el proceso?

–Al comienzo me pareció muy poco tiempo para realizarlo. Pero la literatura sobre Pessoa es apasionante, creo que quien se mete a estudiar a Pessoa sufre, de cajón, este síndrome de desintegración, esta enfermedad moderna que nadie quiere aceptar con las rupturas tradicionales de la ortodoxia cristiana y la construcción de la identidad desde occidente. Si te das cuenta, la creación de transgéneros y la proliferación de múltiples personalidades a través de artes escénicas y las diferentes voces en la poesía y la narrativa son otras formas de crear cuerpos e identidades distintas a lo que se conocía anteriormente como un autor con un estilo y una personalidad.

Entonces contar con esos fabulosos textos me engancharon tanto que ya no los pude soltar. El taller duró más de un año, porque solo dos veces nos reunimos presencialmente con María, varias otras por Skype, pero el trabajo duro de lectura y escritura lo hice yo sola con mis propias penas.

María Alzira luego me ayudó a decidir que textos producidos gracias a las lecturas irían en el supuesto libro y en qué orden. Luego volví a Lima y le enseñé el primer borrador a Paul Forsyth, que es un gran amigo. El me ayudó a poner las cosas en su lugar con su ojo clínico, su súper lectura y sus opiniones acertadas.

–¿Pessoa por Wong puede entenderse también como una bitácora de viajes?

–Bitácora de viajes suena a un libro de contabilidad. Esa no fue para nada la intención, eso se fue dando, porque Pessoa creaba heterónimos mayormente asociados al mundo portugués o su devenir socio cultural. Él no pensaba en una globalización como la que sufrimos actualmente, donde el multiculturalismo deshace y violenta fronteras a veces como un vómito o un lamento. Pessoa era un filósofo ordenado y tenía cada personalidad en su cajón de saberes. Yo he vivido en países tan contrapuestos, tan disimiles, en cultura, lenguaje, valoración de la vida, que Pessoa y sus construcciones se apareció como una salvación. Hay lectores que piensan que era un tipo esquizofrénico y experimental. Yo creo que era más que un genio y que tenía muchísimo amor por la lengua portuguesa. Más bien veo mi libro como una memoria homenaje de ese movimiento por espacios y experiencias tan diferentes.

–¿Una suerte de viaje al pasado, digamos?

–La idea de viaje al pasado es más acertado, como si te subieras a un vehículo transparente que tiene la capacidad de transportarte. El lenguaje es ese vehículo. Los heterónimos te ayudan a mirar atrás, y más aún con la ayuda de Maria Alzira y los libros sobre Pessoa. Como me he psicoanalizado con bastante seriedad y he hecho diversas terapias, pude soltar esas obsesiones a través del texto. Esa compañía en el taller tanto de María como las lecturas fue genial, se construyó casi una nave lingüística que me transportó minuto a minuto con diferentes choferes y guías a ese mundo portugués que me fascina pero que no podía describir, ni sabía cómo apropiarme sin esas pretensiones, sin caer el kitsch. Es muy extraño pero ese primer viaje a Macau me dio un tercer ojo que no supe abrir hasta que María Alzira me dirigió en el taller.

–También hay una indagación por el tema de la identidad, recurrente en tu obra…

–Bueno yo nunca se quién soy, mi yo es muy fracturado, tanto que me dicen loca, unos por cariño y otros porque no me entienden. La identidad única es lo que nunca tendré y esta idea va en contra de lo que luchan por posicionarse con una identidad… lamentablemente si aceptáramos eso que creemos. Un Yo e identidad solo dura lo que dura una canción. Y que la empatía es posible con múltiples construcciones. Enloqueceríamos si no creyéramos en un yo unitario, por eso necesitamos ese cuento de la nacionalidad, el nombre, el domicilio. Esas cosas que nos arraigan, si no andaríamos como el varón rampante saltando sobre techos y no solo italianos.

–La edición de libro por parte de Hanan Harawi es bonita…

–Adoré a John y Hanan Harawi desde que vi su garra y esa capacidad para ser un sonámbulo despierto en la maraña de poetas limeños y argentinos, lo he visto organizar cosas bonitas, recitales, lecturas, presentaciones y siempre me gustó el cuidado de sus libros y la claridad con la que habla y hace cuentas. No anda con rodeos.

–¿Cómo fue el proceso?

–La edición del libro empezó en las manos de Julián Echeverry un colombiano que conozco hace un huevo años de Buenos Aires y ahora trabaja en Lima para Epensa, me contó que un amigo le ayudó a diseñar la carátula, pero la construcción de las imágenes, más la diagramación de los detalles, los hizo Julián, el color, las fotos, las medidas. Julián todavía puede adivinarme el pensamiento y un poco la forma del agua. El toque supremo final lo hicieron John y Ana Mónica, que querían que el libro mostrara a grito limpio que está editado con seriedad y cuidado por Hanan Harawi. Tienen libros tan bonitos y a veces pasan desapercibidos. Checa sus otros libros, son preciosos. Y bueno, así fue quedando.

Julia wong durante la presentación en la independiente.