Dueño de una prosa cuidadosamente cincelada y de una propuesta narrativa singular, Carlos Herrera es, sin duda, uno de los autores más interesantes de las últimas décadas. Para quienes lo seguimos con atención, resulta una noticia gratísima la reedición, aumentada, de Crónicas del argonauta ciego (Seix Barral, 2018). Publicado por primera vez por la editorial Peisa, en el 2002 –y publicado con nuevas crónicas en la nueva edición, además de un estupendo prólogo de Enrique Planas–, el libro muestra la mirada aguda y desenfadada del argonauta, en diálogo permanente con el narrador que recoge sus reflexiones.  

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR | Foto: CMS

–Una nueva edición de tu libro Crónicas del argonauta ciego que trae además 36 nuevos textos.

–Es una edición ampliada, con 36 nuevas crónicas que, sumadas a las 64 de la edición del 2002, totalizan 100 (soy un poco maniático con las cifras). La mayor parte de las nuevas crónicas fueron escritas el año pasado en un período en el que, por un lado, me había atracado en otro proyecto literario y, por otra parte, me parecía que el estado de las cosas ameritaba atraer de nuevo la paradójica mirada del ciego. Pero en el fondo lo que pasa es que le tengo particular cariño al personaje, por más que sea excesivo e infrecuentable la mayor parte del tiempo. O quizás por eso mismo.

–¿Cómo surge la idea del libro, cuál fue su génesis? ¿Partiste de alguna imagen o de alguna idea previa que luego desarrollas?

–Soy un devoto lector de Italo Calvino y, entre otros libros suyos, me fascinó Las ciudades Invisibles. De otro lado, como a cualquier ser humano normal me encantan los bestiarios y tenía ganas de crear uno propio. Surgió así la idea de fabular un personaje que venía de vuelta de todo y había visto ciudades y pueblos de extrañas costumbres y animales curiosos o estrambóticos. Un argonauta parecía ser un casting apropiado. Luego, el personaje agarró viada propia y se puso a opinar.

–A través del narrador, el argonauta repasa su pasado, aquello que ha visto, y en esa serie de observaciones de mundos extraños, situaciones fantásticas y hasta delirantes, ¿es válida una lectura reflexiva en el sentido de reflexionar sobre el mundo actual.

–La fuerza de todo relato mitológico (en este caso, paramitológico, si se me permite el neologismo) reside en que da cuenta de las pulsiones, ansiedades y tormentas del ser humano en general, superando referencias y particularidades históricas y geográficas. El argonauta ciego se inscribe en esa tradición. Pero es evidente que también a veces cede a la tentación de tratar coyunturas específicas y muy actuales.

–Al leer tus libros, sobre todo este, quizás, me animo a pensar que le das mucha atención a las correcciones del texto, a pulir el lenguaje. ¿Es así?

–Sin llegar al obsesivo perfeccionismo de cumbres literarias como Flaubert o Proust, siempre he tratado de ser muy cuidadoso con el lenguaje, considerando que es lo mínimo que se le puede pedir a quien se pretenda escritor. Mientras más bruñido sea el texto mejor resuenan las ideas. En el caso del argonauta el proceso se ve facilitado por la brevedad de las crónicas, lo que me permite que cada una esté prácticamente lista dentro de la cabeza en lo esencial antes de sentarme a copiarla y trabajar en la escritura misma, ya sin la angustia de la página en blanco. Digamos que el resto es pulir y cantar. Otro elemento a tener en cuenta es el tecnológico: La computadora, que permite la corrección perpetua. Antes de tener una, jamás se me hubiera ocurrido escribir una novela.

–Al leerlo en su momento, sentía que la ceguera del personaje le daba una carga mítica, potente. ¿Lo pensaste de esa manera al darle esa característica física?

–Desde el primer momento el argonauta se me presentó ciego. Supongo que es inevitable pensar en la impronta de Homero a un nivel subconsciente. El aedo mayor y su alter ego en la Odisea, Demódoco, han trocado la visión humana por el visionario poder de la poesía. Pero también hay otros ciegos mitológicos ilustres como Tiresias, a quien Ulises fue a visitar al Hades para conocer su futuro, o Fineo, salvado de las harpías por, precisamente, los argonautas. Hay que recordar que tanto Tiresias como Fineo fueron castigados con la ceguera pero recibieron en consuelo el don de la profecía. Dicho esto, naturalmente nunca elaboré este rollo para cegar al argonauta. Simplemente así decidió ser él.

–¿Viene en camino algún libro nuevo?

–Tengo tres proyectos con diversos grados de avance y velocidad de ejecución. El más maduro podría estar saliendo el próximo año.