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García Falcón: París personal

Marco García Falcón. París personal (Peisa, 2018). 136 pp.

Publicado: 2018-11-16

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR 

Leí París personal ni bien se publicó en el año 2002. Tuve la suerte de que llegara a mis manos un ejemplar del libro publicado por el Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica, como parte de la muy interesante Serie Ficciones. He vuelto a visitar los cuentos de aquel primigenio libro de García Falcón gracias a la espléndida nueva edición que Peisa ha presentado hace unas semanas, en la reciente Feria del Libro Ricardo Palma de Miraflores.

El libro me llamó la atención por varias razones. Para ser un primer libro, el resultado superaba ampliamente cualquier expectativa. Uno suele ser un poco indulgente con los debuts literarios, intentando rescatar dentro de lo posible algunas cualidades que alcancen a prefigurar un escenario más auspicioso en la siguiente entrega. El libro de cuentos París personal resalta, en ese sentido, por lo bien afiatado del conjunto, evidenciando un manejo del lenguaje y de los recursos expresivos envidiables. Además, y quizás sea lo más importante, se hacía notoria ya su particular voz narrativa. Aquella que muchos autores tardan en encontrar.

Otra particularidad que advertí en su momento, es que se trataba de un libro de cuentos orgánico. Si bien ahora no es tan inusual, me parece recordar que por aquella época era difícil encontrar una propuesta de esa índole. Generalmente se publicaban libros que reunían una serie de cuentos dispares entre sí. En París personal existe, por el contrario, la intención, lograda, de armar un libro cohesionado, orgánico, como dije.

Los relatos, además de situarse en la capital francesa, presentan otros elementos comunes. Hay una atmósfera melancólica que sobrevuela por todos los cuentos. Sus personajes -muchos de ellos artistas en ciernes o con aspiraciones a serlo- se encuentran en una búsqueda constante por un momento de luminosidad en la opacidad de sus existencias. Y a veces lo logran, alcanzan ese momento de luz, digamos. Pero siempre es efímero, como un destello apenas. En el cuento “De un azul purísimo” se puede apreciar esto hacia el final, cuando dos de los personajes observan una bandada de pájaros que vuelan frente a ellos, como una epifanía; pero ese momento de felicidad solo dura el paso de aquellas aves.

En los cuentos de París personal los narradores se ponen, por momentos, reflexivos. García Falcón no satura de reflexiones los relatos. Dosifica lo suficiente para insuflarles mayor sustancia. Entre aquellas reflexiones, resalto las que tienen que ver con una obsesión que luego aparecerá en otros libros del autor: las elucubraciones en torno a la escritura. “… cuando llegas a casa, a tu ciego navío claudicante, te sientes liberada frente a la máquina de escribir, hacedora de un mundo de palabras e imágenes que es tuyo, absolutamente tuyo. Un mundo que por lo demás es tu única tabla de salvación para ese naufragio interior que se anuncia día a día como un oleaje oscuro…”, dice el narrador en “La tierra más lejana”.

Las referencias artísticas, sobre todo las literarias, están muy presentes. En “El cazador invisible” lo metaliterario se torna más evidente: la historia de un investigador y estudioso de la literatura que descubre, a través de la correspondencia entre Martín Adán y Mejía Baca a un autor desconocido y brillante. No diré más para no estropearles el desenlace.

El libro termina con el cuento “La verdadera flor de Coleridge” y es un cierre perfecto, pues resulta una especie de clave de todo el libro. El narrador explica su intención de escribir una serie de cuentos que transcurran todos en París, entre ellos uno sobre una muchacha que sueña con inventar un aparato que atrape seres invisibles. Se trata, pues, del libro cuya lectura estamos a punto de concluir. En ese mismo cuento hay una referencia al músico argentino Charly García y su disco La hija de la lágrima, una opereta rock con una atmósfera oscura y melancólica que atraviesa todas las canciones. La misma atmósfera que sobrevuela los cuentos del libro.

Y en ese cuento final, reconocemos al personaje del primer relato, el que está a punto de viajar a París. Es el mismo personaje que acaba de hacer una escala y aún no llega a la ciudad luz. ¿Llegará? Me viene a la mente uno de los temas del otro García, el del bigote bicolor: “Chipi chipi”, y la parte que dice “yo nunca fui a New York, no sé lo que es París”. El narrador del libro de García, el escritor, remata diciendo que si no encuentra el París que busca, aún puede inventárselo. Y ese es el París de Marco, su París personal, aquel que nos envuelve y nos conmueve, aquel elaborado de ficción y, al mismo, tiempo tan real que estremece. Y ese el gran mérito de su autor.  


Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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