la naranja está partida

Costamagna: El sistema del tacto

RESEÑA | Alejandra Costamagna: El sistema del tacto (Anagrama, 2018), pp. 182.

Publicado: 2019-06-07

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR 

“… Repasa los apuntes que ha trazado la noche anterior. Piensa que de aquí en adelante debería registrar todos sus pasos. Los del presente y los anteriores. Volver atrás y zigzaguear hasta hoy. Ir dejando una huella. ¿Pero a quién? Y, sobre todo, ¿para qué? (…) Aprender de Nélida, de sus bisabuelos, que supieron desprenderse de sus orígenes y convertirse en otros” (p. 128). Este fragmento, me parece, resume un poco el sentido general de El sistema del tacto (Anagrama, 2018), de la escritora chilena Alejandra Costamagna.

En su más reciente novela, Costamagna aborda, según mi lectura, los temas de la identidad, el desarraigo y la memoria. La trama gira en torno a Ania, la protagonista, a quien apodan como “la chilenita”. Su padre, un argentino que huyó de su país para afincarse en Chile, le pide un favor –que será el articulador de toda la novela–: que viaje a Argentina, a su pueblo natal, en Mar del Plata, en representación suya, porque su primo Agustín (tío de ella) se encuentra al borde de la muerte, agoniza. Ania acepta y emprende el viaje. Esa narración en presente se va alternando con momentos del pasado que nos dan más luces sobre aquello a lo que se está enfrentando la protagonista en esa travesía geográfica, que también es una suerte de viaje interior, a través de la memoria personal y familiar.

Así, nos enteramos de la relación tirante con el padre, a partir del compromiso de éste con una nueva mujer. Relación que era más estrecha y compleja durante su infancia. Su padre solía dejarla unos meses a pasar las vacaciones en casa de su familia en su pueblito natal, en Mar de Plata, mientras él seguía viaje a no se sabe dónde. Luego regresaba a recogerla para volver a Santiago de Chile.

Y allí aparece, precisamente, otro personaje importante en la novela, el tío Agustín (primo de su padre). Un personaje extraño, misterioso y complejo: su madre, una italiana que fue enviada por su familia a la fuerza rumbo a Argentina, terminará ensimismada, enajenada, loca. A través de un narrador omnisciente (que bien podría ser la misma Ania, si atendemos el fragmento citado al inicio de este texto), se va dosificando la información, que permite a un lector ir completando el conjunto con las piezas que cada vez empiezan a tener más sentido. Ania se hospeda en casa de sus abuelos, al lado de la casa de su tía abuela, Nélida, la madre de Agustín, a la que solía frecuentar de niña. Ambas casas lucen desiertas, destartaladas; más esta última, en la que terminaría sus días el tío Agustín. Y en esa confrontación con el tiempo, con la memoria, Ania intentará descubrir su propia identidad.

Alejandra Costamagna está considerada por la crítica como una de las voces narrativas más importantes de la actualidad literaria en Latinoamérica. Y El sistema del tacto no hace otra cosa que refrendar aquello, no por nada quedó finalista del Premio Herralde de Novela 2018. Una novela que deja una estela de reflexión, que nos confronta con nuestra propia memoria y nuestra propias crisis de identidad. Y eso se agradece.

EL SISTEMA DEL TACTO

Portada del libro.


Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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