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Chirinos: Cuando suena la música

RESEÑA | Eduardo Chririnos: Cuando suena la música (Lumen, 2019), 348 pp.

Publicado: 2019-09-20

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR 

Descubrí la poesía de Eduardo Chirinos allá por el año 2002 o 2003, si la memoria no me falla. Buscaba algún libro de poesía en uno de los estantes de la librería Época (en el local que tenían en la Av. Pardo) y encontré Breve historia de la música, en una edición de la editorial Visor, de portada negra. Más allá del premio ganado –Casa de América de Poesía Americana– lo que me atrajo fue leer en el texto introductorio (Preludio) que cada poema partía o se gestaba de una música en particular. Luego lo leí y quedé fascinado por la potencia de las imágenes y la musicalidad marcada de los versos. “L’invierno” y “Danza del viento” son algunos de los poemas que más recuerdo del conjunto.

No recuerdo, por otro lado, cómo di con el correo electrónico de Chirinos. Sí recuerdo, en cambio, que fascinado por su poesía le mandé un email contándole de mi lectura entusiasta. Contra lo que pude pensar en aquel momento, Eduardo me respondió el email, confiándome que estaba a punto de salir de imprenta un nuevo poemario, Escrito en Missoula. Algunos meses después, el propio Eduardo, sin que yo me lo esperase, de cuenta propia, me envió a casa –de Missoula a Lima, como reza su dedicatoria de puño y letra– un ejemplar de aquel libro. Lo leí de manera febril, en una noche, sumergiéndome en sus versos que noté, rápidamente, distintos a los del libro anterior. En ese momento, no lo podía precisar (era aún un incipiente lector de poesía). Me parecía otro autor, pero se trataba en realidad de un tono distinto. Desde allí empecé a buscar sus poemarios anteriores. Ayudó mucho que durante ese mismo año, en Guadalajara, México, se publicara Derrota del otoño, una antología de su poesía hasta ese momento. La obra de Eduardo se iba publicando en España, principalmente, y luego aparecían ediciones locales.

Me di cuenta, entonces, de aquel permanente desdoblamiento que puede notarse desde su primer libro, en el que por única vez utiliza un heterónimo (Cuadernos de Horacio Morell). Cada uno de sus libros ostenta un tono diferente. Como un juego de máscaras, le dije un día. Y le hizo gracia, aunque precisó que eran máscaras no con el fin de ocultar sino todo lo contrario. Y lo definía así: “Son como planetas distintos que se rigen por un mismo sistema”. En su caso, esta variación no era una búsqueda de originalidad, era algo que se le daba de manera natural. Y si hablamos de naturalidad, entre las constantes que uno podría hallar en su poesía –y que al menos es lo que me sigue fascinando, personalmente– es la impronta lúdica que acompaña buena parte de sus poemas y el amplio registro de referencias culturales y artísticas. Esto último lo vemos en varios de sus libros y también en Tetramorfos, el último poemario que publicara póstumamente, el año pasado, la editorial Peisa.

Chirinos tiene (aún me cuesta el tuvo) una vasta obra poética (complementada con libros de ensayos, artículos, entrevistas, misceláneas, traducciones e, incluso, un par de libros para niños en torno a un Koala llamado Guilherme) y quienes hemos seguido aquel recorrido podemos tener algunos favoritos. El equilibrista de Bayard Street, No tengo ruiseñores en el dedo, Humo de incendios lejanos, Mientras el lobo está, Medicinas para quebrantamientos del Halcón y Tetramorfos podrían ser los míos. He nombrado muchos, dirán. Me ha costado no mencionar otros tantos. Y es que la obra de Chirinos se destaca, entre otras cosas, por su calidad homogénea.

Hace poco el grupo editorial Penguin Random House ha tenido la acertada iniciativa de publicar, bajo el célebre sello de poesía Lumen (que alberga poetas notables de diversas tradiciones), una antología que recoge todos sus libros bajo el título de Cuando suena la música (Lumen, 2019). Además, con un riguroso e iluminador prólogo de Azucena López Cobo, destacada académica de Harvard University –quien se encargó también de la selección de poemas–. Un libro, sin duda, que todo lector de poesía debería tener en los anaqueles de su biblioteca.

cuando suena la música (lumen, 2019)

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Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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