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Coaguila: Ribeyro, la palabra inmortal

RESEÑA | Jorge Coaguila. Ribeyro, la palabra inmortal (Revuelta editores, 2018), 318 pp.

Publicado: 2020-09-04

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR 

Descubrí a Jorge Coaguila entre agosto y setiembre de 1996 cuando llegó a mis manos Ribeyro, la palabra inmortal, bajo el sello de Jaime Campodónico. Cursaba los primeros ciclos en la universidad y ya, por ese entonces, era un fervoroso lector de Ribeyro, al que descubrí en la secundaria gracias a mi maestro y amigo Camilo Fernández Cozman. En el libro en cuestión, Coaguila reunía las seis entrevistas que le realizara al muchas veces esquivo con la prensa Julio Ramón Ribeyro. Y, además, añadía seis relatos del autor, no aparecidos en libros, publicados en diarios de la época. Relatos estupendos, por supuesto, y de distinto registro. Me fascinó, lo recuerdo hasta ahora, el cuento “La encrucijada”, en clave fantástica y de final desolador.

Una década después, poco más, conocí a Coaguila y él mismo me obsequió una nueva edición del libro, en ese entonces bajo el sello iquiteño Tierra Nueva ediciones. Además de las entrevistas, el libro contenía una serie de comentarios de Coaguila sobre algunos libros de Ribeyro, algunos ensayos sobre su obra y unos textos del mismo Ribeyro (algunos autobiográficos). Ya no se incluían los seis relatos de la primera edición, pero se añadían unas cartas escritas por Ribeyro para Luis Loayza. Un verdadero acierto, sobre todo para quienes admiramos también al autor de Otras tardes.

Hace un par de años, apareció otra nueva edición. Una edición estupendamente cuidada, debo decir, a cargo de Revuelta editores. El contenido nuevamente cambia. En esta oportunidad, a las seis entrevistas se le añaden los comentarios sobre libros de Ribeyro y los ensayos sobre su vida y obra (ampliados respecto a la edición anterior), reseñas críticas sobre los que Coaguila considera los ocho mejores cuentos del escritor (siempre arbitrario y permeable a discrepancias como toda selección. Yo hubiera incluido, por ejemplo, “Interior L”, solo por nombrar uno, aunque reconozco lo difícil de excluir alguno de los elegidos por Jorge), y, al final, como inmejorable colofón: el testimonio, a través de una entrevista, del también entrañable Alfredo Bryce Echenique sobre su amistad con el autor de La palabra del mudo.

La piedra angular de Ribeyro, la palabra inmortal, como podrán haber advertido, son las entrevistas que un muy joven y muy enterado Jorge Coaguila logró hacerle a Ribeyro. A un Ribeyro, como mencioné antes, reacio a las entrevistas. En una oportunidad, Ribeyro aceptó ser entrevistado por Juan Gonzalo Rose, el poeta, solo por amistad, pero le pidió a manera de condición que esperase a que estuviera de retorno en París para publicarla aquí. No vaya a ser que me cruce en Lima con alguno de los tantos amigos periodistas a los que he rechazado una entrevista, confesaba Ribeyro. Esto lo cuenta el mismo Coaguila en el prólogo de su libro.

Lo que también comparte Coaguila es cómo conoció a Ribeyro, siendo aun un estudiante en San Marcos y cómo un día se animaron, junto a un grupo de amigos –entre los que se encontraba el desaparecido Carlos García Miranda–, a llamar a su puerta e intentar hablar con él. Y cómo luego el mismo Coaguila se arriesga en pedirle regresar para una entrevista que se publicaría en el diario El Peruano, en donde Jorge hacía sus prácticas de periodismo y tenía de editor a mi amigo Alonso Rabí (a su vez, gran entrevistador literario). Contra todo pronóstico Ribeyro acepta y el resto… está en las páginas del libro.

No solo se evidencia en las entrevistas lo mucho que Coaguila ha leído a Ribeyro. Y lo ha leído acuciosamente. Le consulta, por ejemplo, si en el cuento “Té literario”, el autor del que se hace referencia sería el mismo Ribeyro y si la novela que se comenta en el cuento, con un nombre cambiado, claro, no es sino otra que Crónica de San Gabriel. El mismo Ribeyro acepta la teoría de su entrevistador y reconoce que casi nadie lo ha advertido antes. 

Es así que, gracias al conocimiento que tiene de su obra –además de haber leído un sinnúmero de entrevistas al escritor, como lo demuestra un libro posterior: Las respuestas del mudo–, Coaguila logra que las seis entrevistas sean una puerta abierta e iluminadora para conocer más de cerca a un autor que siempre se caracterizó por su discreción y su rechazo a todo exhibicionismo.

Recuerdo nostálgico que en una de las entrevistas, consultado sobre el cigarrillo, Ribeyro confiesa que por salud –un cáncer que padeció– había dejado de fumar durante cinco años. Tiempo en el cual no pudo escribir. La terrible encrucijada que se le presentó me conmovió hasta las lágrimas: dejar de fumar y no escribir o escribir y quizás acortar su vida. Un par de años antes a dicha lectura, conviene precisar, el autor al que había aprendido a querer y a leer con devoción, había muerto víctima del cáncer. Releer Ribeyro, la palabra inmortal hace poco, el día en que hubiera cumplido 91 años, me ha arrojado de súbito a aquellos años noventa y me ha devuelto a sus cuentos, a sus prosas apátridas y a sus diarios. Se trata, pues, de un libro imprescindible para todo lector ribeyriano.

ribeyro, la palabra inmortal (revuelta editores, 2018)

Portada:


Los libros de Coaguila sobre Ribeyro:


Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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